El 17 de julio de 2026, un ataque con misiles balísticos iraníes contra la base aérea Muwaffaq Salti, en Jordania, mató a tres militares estadounidenses. Dos meses después, imágenes obtenidas por CBS News mostraban daños en instalaciones estadounidenses que, según un militar en servicio, no se habían explicado al público. La guerra ya había dejado al menos 20 emplazamientos militares de EE. UU. dañados en siete países. Parte de la información sobre el funcionamiento de algunas de esas bases seguía a la vista de cualquiera con conexión a internet.
Una investigación de Bellingcat examinó Google Maps y otros servicios de cartografía en cuatro instalaciones afectadas: Camp Buehring y Camp Arifjan, en Kuwait; Muwaffaq Salti, en Jordania; y Al Udeid, en Qatar. Encontró nombres de edificios, fotografías, reseñas de usuarios y datos prácticos sobre el uso de ciertos espacios. La investigación no demuestra que Irán utilizara Google Maps para elegir objetivos. Sí muestra que los detalles cotidianos, acumulados durante años, pueden dibujar un mapa útil de una base militar.
La vulnerabilidad estaba a la vista, no escondida en un satélite espía
Las bases analizadas no eran instalaciones secretas. Llevaban años operando en países aliados y, según el investigador Joseph Jarnecki, las fuerzas estadounidenses habían contado con superioridad aérea y defensas antiaéreas consideradas importantes. La campaña iraní de misiles y drones ha puesto esas dos premisas bajo presión. Cuando un emplazamiento deja de ser un refugio seguro, la información pública sobre él adquiere otro peso.
Google Maps mostraba decenas de etiquetas para instalaciones dentro de las bases, entre ellas alojamientos, gimnasios, comedores, puntos de combustible y oficinas. También había fotos subidas por usuarios y reseñas sobre servicios y horarios. Material publicado por las propias fuerzas armadas aportaba otra pieza: imágenes con edificios, banderas y elementos del entorno que podían cotejarse con vistas satelitales. Reunir esos datos no requiere una filtración; basta con observarlos en conjunto.
William Goodhind, de la consultora de análisis visual Contested Ground, explicó que esa mezcla podía ofrecer pistas sobre la distribución de un campamento, la separación entre áreas seguras y menos seguras, las zonas de alojamiento y los momentos de mayor o menor actividad. No equivale a conocer un plan operacional, pero ayuda a formarse una idea de cómo se mueve y organiza la gente dentro de una instalación.
Una reseña aislada puede parecer inofensiva; cientos de pistas pequeñas, reunidas y comparadas, ofrecen otra perspectiva. Esa acumulación no depende necesariamente de que el adversario tenga acceso a inteligencia militar de primer nivel. Reuters había informado de la preocupación de funcionarios estadounidenses por el posible uso de datos comerciales de ubicación para atacar a sus tropas en zonas de guerra.
Kuwait: edificios etiquetados y daños que pudieron contrastarse
En Camp Buehring, Bellingcat encontró en Google Maps etiquetas que identificaban un edificio descrito como cuartel general, un gimnasio y un centro de autoservicio de mantenimiento. Imágenes satelitales publicadas por la agencia iraní Tasnim mostraban daños en esos edificios tras los ataques. La coincidencia entre una etiqueta cartográfica y una estructura dañada no demuestra que el marcador guiara el ataque, pero sí que la información era accesible y podía servir para reconocer instalaciones.
Para verificar la identificación del supuesto cuartel general, los investigadores compararon una fotografía publicada por el servicio oficial estadounidense DVIDS con la imagen satelital. Elementos visibles del edificio y su entorno, incluidos los mástiles de bandera, permitieron relacionar ambas escenas. Se trata de una verificación visual, no de una prueba sobre qué datos consultó Irán ni sobre cómo se eligieron los blancos.
La ficha del gimnasio incluía imágenes del interior y del exterior; las reseñas aportaban indicaciones sobre los momentos de más afluencia. Bellingcat situó en ese mismo lugar una fotografía difundida por CBS después de un ataque, en la que se veía una estructura muy dañada. También aparecía un edificio identificado como centro de autoservicio, con horarios y una fotografía antigua del interior de una oficina en la que podían leerse algunos avisos de pared.
La base no se limitaba a sus edificios administrativos. Un marcador señalaba una zona de alojamiento temporal y las imágenes de un comedor mostraban información cotidiana, como los horarios de las comidas. Reunidos, estos detalles pueden sugerir cómo se distribuye la vida diaria. No revelan automáticamente cuántas personas hay en cada lugar ni cuándo están presentes, pero reducen el trabajo de quien intenta orientarse.
En Camp Arifjan, también en Kuwait, los investigadores identificaron daños en una instalación de alojamiento y en un punto de combustible. Una imagen satelital de Planet, capturada el 4 de marzo de 2026 y publicada por The Washington Post, permitió contrastar el estado de los edificios. Google ocultaba partes de la imagen de la base, pero las mismas ubicaciones podían verse con mayor claridad en Bing Maps. El desenfoque, al parecer, no cubría todos los servicios disponibles.
Jordania y Qatar: el patrón de vida detrás de los nombres
Muwaffaq Salti fue uno de los casos más graves descritos en la investigación. Tras el ataque del 17 de julio, imágenes satelitales publicadas por medios iraníes mostraron al menos 20 estructuras destruidas. En la zona de alojamiento del norte de la base, Google Maps identificaba espacios de uso cotidiano, entre ellos Airman’s Attic, una tienda de segunda mano gestionada por voluntarios para personal de la Fuerza Aérea estadounidense. Las imágenes y reseñas de usuarios aportaban indicios sobre su función.
Cerca de allí, otro marcador señalaba un comedor militar. “DFAC” es la abreviatura habitual de dining facility, o comedor, y algunas reseñas comentaban incluso la comida servida. Esos comentarios no son inteligencia de alto nivel, pero pueden adquirir otro valor al combinarse con imágenes del recinto, su distribución y otros datos de actividad. Un análisis de Sky News añadió que el 80 % de las rutas de carrera compartidas públicamente en Strava desde la base durante el alto el fuego de abril empezaban o terminaban en la zona de esos barracones.
El caso de Al Udeid, en Qatar, muestra que la exposición puede ser todavía más amplia. Es la mayor instalación militar estadounidense de Oriente Medio y sus edificios aparecían sin desenfoque en Google Maps. Las fichas públicas describían alojamientos y otros espacios; reseñas y vídeos daban pistas sobre el uso de algunos edificios por tripulaciones de la Fuerza Aérea. Yandex Maps, el servicio ruso, también señalaba instalaciones recreativas y una escuela dentro de la base.
No todos los impactos iraníes allí parecían corresponder a lugares identificados en los mapas comerciales. Business Insider informó de daños en una estructura geodésica que albergaba equipos de comunicaciones seguras, mientras ABC News describió daños en otro edificio. En este segundo caso, la cartografía mostraba una construcción grande en el área mencionada. Los mapas no tienen por qué revelar cada objetivo para aportar contexto: pueden ayudar a interpretar imágenes, ubicar daños o entender qué hay alrededor de un punto atacado.
No es “Google Maps causó el ataque”
Bellingcat no estableció que las fuerzas iraníes usaran Google Maps para seleccionar objetivos, y los expertos citados advirtieron que Irán dispondría de otras fuentes de información. El contenido público puede complementar inteligencia satelital, vigilancia, datos comerciales y otros medios. Atribuirle un ataque concreto requeriría pruebas que la investigación no presenta.
El problema es la suma de fuentes y la falta de una política coherente sobre qué puede publicarse. Matthew Savill, director de Ciencias Militares del Royal United Services Institute, dijo que los ejércitos occidentales no aplican criterios consistentes para controlar la información pública sobre instalaciones sensibles. La revisión, sostuvo, debería hacerse antes de que empiecen los ataques. Una vez iniciada la campaña, retirar contenido puede llegar tarde: las imágenes ya se descargaron, las coordenadas se compartieron y las capturas de pantalla sobreviven a los cambios en una ficha.
Los gobiernos pueden pedir a Google que difumine o retire contenido, y la compañía publica datos sobre solicitudes oficiales de eliminación. Bellingcat contactó al Departamento de Defensa estadounidense, que derivó las preguntas a CENTCOM, y también a Google; no recibió respuestas antes de publicar. Microsoft, consultada sobre imágenes de instalaciones que seguían visibles en Bing, respondió que tramita las solicitudes de retirada según su proceso. No explicó por qué ciertas imágenes seguían accesibles.
La publicación de fotografías por parte de militares añade otra capa. Tras los ataques, comandantes estadounidenses advirtieron a su personal que las imágenes y vídeos subidos desde las bases podían ayudar a Irán a evaluar los resultados de los bombardeos. Una imagen reciente puede mostrar no solo dónde está un edificio, sino también qué quedó en pie, qué se reparó y qué actividad continúa. Los teléfonos móviles pueden convertirse así en sensores involuntarios.
Una lección vieja, pagada de nuevo
Wes J. Bryant, antiguo especialista de la Fuerza Aérea estadounidense en selección de objetivos, describió una suposición peligrosa: que las bases situadas en países aliados eran retaguardia y que allí “no iba a pasar nada”. La guerra ha puesto esa confianza en cuestión. La vulnerabilidad cartográfica no es un fallo aislado de una plataforma, sino parte de una concepción de seguridad que trató como protegidos lugares que ahora reciben misiles y drones.
Savill recordó que hace más de veinte años, durante su despliegue en Irak, insurgentes y militantes ya utilizaban imágenes comerciales, incluido Google Earth, para estudiar bases. La herramienta ha cambiado poco en lo esencial: observación pública, paciencia y comparación. En Ucrania también quedó documentado el uso de fotografías y mapas abiertos. En 2022, Foreign Policy describió cómo la empresa privada ucraniana Molfar cruzó imágenes de soldados rusos difundidas por medios con imágenes satelitales para localizar un emplazamiento. Sus hallazgos se entregaron a la inteligencia ucraniana y el lugar fue atacado después.
Washington reconoció algunos riesgos hace tiempo. En 2008, el Pentágono prohibió que Google Street View documentara el interior de sus bases. Pero impedir fotografías dentro de una instalación no resuelve la exposición exterior, ni la de las reseñas, las imágenes publicadas por terceros o las rutas de aplicaciones deportivas. Tampoco evita que distintas plataformas ofrezcan versiones diferentes de un mismo lugar. En Camp Arifjan, por ejemplo, el desenfoque de Google no impedía que una vista más clara apareciera en Bing.
Según el Pentágono, la guerra entre Estados Unidos e Irán había dejado 23 militares estadounidenses muertos y 865 heridos. El personal también fue evacuado de otros emplazamientos considerados demasiado vulnerables a nuevos ataques. La información disponible en mapas comerciales y otras plataformas formaba parte de las condiciones de seguridad que enfrentaban esas instalaciones.
