Pokémon Go y la loca idea de usar sus datos para que los robots no se hagan un lío
Que Pokémon Go haya sido un exitazo allá por 2016 es bien sabido. No cualquier AR casual se come 500 millones de instalaciones en dos meses, según Brian McClendon, CTO en Niantic Spatial (la startup que Niantic se sacó de la manga el año pasado). Lo que sorprende es que ahora ese ejército de datos —más que la base de fans— está siendo el soporte para una movida que suena a ciencia ficción: enseñar a robots a navegar el mundo con una precisión quirúrgica. Niantic Spatial utiliza esa bestial cantidad de info geolocalizada y en tiempo real para montar lo que llaman un “world model”. Traducido a cristiano: un mapa en 3D con más detalle que el típico GPS, con datos recogidos de cientos de millones de usuarios paseando con sus móviles, que sirve para que los robots no andengan dando vueltas como pollo sin cabeza.
Este concepto de world models agarra fuerza últimamente porque los LLM (modelos de lenguaje gigantes) tienen todo el smarts para procesar info, pero sin anclaje en el mundo real se quedan en la torre de marfil del texto puro. La idea de Niantic Spatial es que robots de reparto, drones, y demás cacharros no pisoteen arbustos ni choquen con sillas mientras cumplen su rutina. Cuando la info es tan exacta —y actualizada gracias a la comunidad Pokémon— estos robots pueden moverse lootando las calles con precisión milimétrica. Sí, parece el futuro, pero ya está aquí. Eso sí, técnicamente que Pokémon Go entre literalmente en el mundo de la robótica es lo más raro e inesperado que vas a leer esta semana.
Lo que molesta un poco (y no puede faltar hacer la pregunta cruda) es: ¿alguien ha pensado en la seguridad y privacidad de tanta data junta? ¿O nos la estamos jugando a cambio de que un robot nos lleve un paquete sin rompernos ni una ventana? Niantic parece tener claro que tienen un oro en bruto y apuestan a que su world model sea la base para robots que planifiquen su entorno con una inteligencia espacial compleja y con una integración alucinante.
Y claro, la escala importa: 500 millones no es solo un número para el hype, es material de construcción para un sistema que busca que el futuro de la robótica móvil no sea ni de lejos tan torpe como lo que veíamos hace 10 años.
¿Pero esto funciona de verdad? Robots con GPS de superhéroe gracias a gamers
Vale, Niantic pone la pasta y la tecnología. Pero la pregunta que flota —y con razón— es si esta combinación de crowdsource + AR para enseñarle al robot a moverse sirve en el mundo real, no solo en teoría.
Lo que diferencia un world model del típico mapa digital es el nivel de detalle: calles, aceras, bordillos, elementos estáticos y dinámicos en tiempo real. Imagínate que los robots puedan detectar nuevas vallas, coches estacionados o incluso cambios de señalización sin tener que pasar antes por un upgrade manual aburrido y lento. Según McClendon, el mundo de Niantic Spatial va en esa dirección: siempre actualizado, construido desde una base masiva de usuarios que pasean con Pokémon a cuestas, aplicando esos datos para que los bots interpreten un entorno rico y cambiante.
Si hablamos de precisión, algo que ni siquiera los mejores sensores lidar o GPS tradicionales consiguen sin ayuda extra, Niantic propone que el poder colectivo de sus jugadores y la inteligencia artificial afinen esa navegación como si fuera un videojuego… solo que el jugador ahora es un robot.
Lo interesante es que no se quedan en los robots de reparto. Hay aplicaciones alucinantes en drones autónomos para rescates, robótica urbana para mantenimiento y seguridad, o incluso vehículos autónomos. Cada avance que gana en tener un world model más ajustado es una puntada a la enorme brecha que hay entre el mundo digital y el físico.
En la práctica, lo imposible mañana puede hacerse real y usable ya. Pero cuidado, que el margen de error cero es un sueño duro porque el mundo es un caos, cambiante y a veces impredecible. La esperanza es que esta apuesta de Niantic y otras empresas se traduzca en menos accidentes, menos tropiezos, menos robots tirando basura donde no toca y más eficiencia real.
China VS Estados Unidos: La carrera más épica y poco hablada por encontrar vida en Marte
Saludos, usuarios de Marte. Alguien tenía que decirlo: estamos en plena guerra fría espacial 2.0, pero esta vez el objetivo no es un satélite espía, sino la búsqueda de vida extraterrestre, nada menos. Estados Unidos llevaba la delantera con la Perseverance, ese robot explorador de NASA que, tras tres años en territorio marciano, detectó un extraño ‘outcrop’ rocoso plagado de manchas que no encajaban con lo típico en Marte.
Para el equipo de NASA, esas manchas eran LO más prometedor que habían visto en la búsqueda de vida alienígena. A tal punto que lanzaron la misión para traer esos fragmentos a la Tierra y estudiar qué coño estaba pasando. Pero la historia toma un giro oscuro: la misión crucial terminó en “soporte vital” y al borde del olvido. No solo es que podrían quedarse atrapados en ese planeta rojo para siempre, sino que la ventaja estratégica (sí, estratégica incluso en astrobiología) se la están llevando los chinos.
Porque mientras los americanos están a punto de perder la partida, China sigue a todo trapo con su propia misión marciana, rivalizando mano a mano con la NASA y, seguramente, con mayor pelotón político detrás. Un empuje que mezcla ambición científica con el clásico juego geopolítico global. El panorama es claro: si alguien encuentra vida extraterrestre, probablemente serán ellos. Y la NASA, pues… que intenten no dormirse en los laureles.
Lo curioso es que esta carrera no solo importa a nivel científico sino a quién tendrá la autoridad y recursos para futuros asentamientos, explotación de recursos y, claro, la narrativa de “humanos que dominan el cosmos” (o al menos lo intentan). El retraso de EEUU suena como un aviso serio de que, aunque la tecnología esté en manos estadounidenses, la voluntad política y la ejecución marcan la diferencia.
¿Y ahora qué? Pues a seguir mirando a Marte, porque este juego recién empieza, con robots y recursos apuntalando una rivalidad que solo va a ganar en intensidad.
Farming en Marte: que el polvo rojo no ilusione, pero las plantas podrían crecer
Ni un brillo verde crece en Marte desde hace eones. Pero ¿y si los astronautas del futuro no tuvieran que vivir a base de comida líquida y pastillas? La cuestión de cultivar en Marte pasa por crear un sustrato viable, no solo un “poner una semilla y adiós”.
El problema es tonto pero tocado por la ciencia: el suelo marciano está lleno de sales tóxicas que, literalmente, acabarían con cualquier intento de vida vegetal. Hace un tiempo, un grupo de investigadores tropezó con una posible solución: eliminar esas sales y crear una suerte de “tierra fértil” hecha a medida para explotar en hábitats cerrados marcianos.
Esto involucra procesos químicos para separar esas sales, probablemente con la ayuda de microorganismos o tecnologías avanzadas que puedan replicar los ciclos de la Tierra (agua, nutrientes, aire). Los primeros resultados son modestos pero prometedores. Más que botánica, esto es bioingeniería aplicada a un entorno alienígena.
Garantizar una fuente fresca de comida tiene sentido. No solo para sobrevivir sino para mantener la moral alta. Imagina una lechuga, una zanahoria bajo esa cúpula artificial roja, dándote esperanza de que al menos algo de Tierra siga vivo.
Esta línea de investigación tiene implicaciones brutales para la colonización espacial. Cultivar alimentos significa menos dependencia de resupply desde la Tierra, menos costes y más autonomía para los futuros colonos marcianos.
Conclusión interesante: antes de pensar en viajes largos y colonias, habrá que resolver el dilema que vincula agricultura, bioseguridad y química espacial como clave para una Tierra 2.0 (otra versión, muy distinta).
Los dramas low-tech que convulsionan la IA y la desinformación en la guerra de Irán
Si buscas un ejemplo que demuestra que la IA no es la varita mágica que nos pintan, echa un vistazo al uso que están haciendo de ella en los conflictos actuales, especialmente en la crisis de Irán. La reciente ola de deep fakes y falsedades virales sobre la guerra está inundando plataformas tipo X (sí, el antiguo Twitter), y, sorpresa, Grok (la estrella emergente de OpenAI para moderar contenido) hace aguas horribles señalando o bloqueando esas mentiras.
Esto no es solo un problema viral; va directo a la raíz de la información de guerra, que ya es un campo minado digital con bots pro-Irán que manipulan posts mezclándolos con teorías conspirativas sobre Epstein. La jugada? Convertir la guerra real en un espectáculo distorsionado, un circo virtual donde la verdad se diluye y la audiencia, confundida, sólo escoge su versión favorita.
Las consecuencias no son menores: hablamos de impactos concretos en centros de datos, consumo eléctrico, y un efecto dominó en la confianza social y climática del hardware de Internet. Una locura de fondo. Y mientras Anthropic pelea con el Pentágono y Microsoft mete la mano para salvarla, el terreno político de la IA se vuelve un campo minado con pocas reglas claras.
En concreto, no solo el combate es físico, también es digital, y las movidas low-tech, o mejor dicho, las fallas en moderación automática, pueden decidir quién gana guerras, con consecuencias terribles para la humanidad.
¿IA como herramienta de guerra? Sí. Pero ni de coña todos los sistemas están preparados ni son éticos para tanto.
Datos raros que nadie pidió pero que ya existen: un centro de datos hecho con células cerebrales
¿Un centro de datos biológico? Sí, existe y está a un paso de aterrizar en Melbourne y Singapur. La startup detrás de esta locura dice que en lugar de racks de servidores y ventiladores gigantes, van a usar cultivos de células cerebrales.
No es ciencia ficción barata sino un intento real (y cínico, para algunos) de aprovechar la “inteligencia biológica” para procesar datos. Se supone que estos sistemas consumirán menos energía y podrían ser más eficientes —aunque no está claro ni de lejos si eso es así o puro hype.
El punto filosófico y técnico abre el debate: ¿llevaremos la computación al límite o cruzaremos una línea ética con este tipo de biotecnología? ¿Qué significa tener “cerebros vivos” procesando nuestros datos?
Además, la escalabilidad y fiabilidad de estos centros sigue siendo una pregunta gigante. Los datos son esenciales para todo, y la integridad es la base, pero ¿qué tan robusto puede ser un sistema basado en células, que para más inri son organismos vivos?
Esto, sin duda, va a dividir a la comunidad tecnológica entre futuristas locos y pragmáticos escépticos.
Más allá de la ilusión: el espacio militar y la expansión de Anduril
Anduril, sí, la startup que parece sacada de un guion de Black Mirror, está ampliando su imperio yendo a la defensa espacial. Compraron ExoAnalytic, especializados en trackear misiles desde el espacio. ¿Inquietante? Totalmente. Pero la movida tiene sentido en la nueva realidad donde guerras y seguridad ya no son solo geopolítica terrestre sino también una lucha por controlar el espacio ultraterrestre.
Anduril no solo quiere poner sensores; han mostrado demos con IA que podría decidir en segundos movimientos y objetivos, un arma que parece sacada del futuro, con un sesgo claro: guerra ágil, reacción instantánea, y un grado de autonomía de máquinas que asusta.
En el fondo, esta expansión subraya cómo Silicon Valley está metiendo sus dedos en todos los postres, desde redes sociales de bots (ejemplo: Moltbook) hasta estrategias bélicas hipercalculadas.
Y no olvidemos el “nuevo” regalo que quiere vender la gran tecnología: pagar con “computo de IA”. Sí, un job perk convertido en moneda de cambio en un mercado laboral digitalizado al extremo. En fin, Silicon Valley no para de reinventar la rueda… pero ¿qué pasa cuando solo giran y giran sin que nadie se baje?
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No soy un robot, pero esto es un vistazo rápido a cómo la tecnología no salva el día, sino que nos mete en un baile cada vez más raro, imprevisible y sin manual de instrucciones. ¿Tú qué opinas? ¿Robot Coach de Pokémon para envíos? ¿Marte en manos de China? ¿IA como arma o circo digital? Aquí nadie tiene clemencia ni respuestas fáciles. Solo seguimos viendo el show.
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