¿Quién demonios es Feng Qingyang y cómo está facturando miles con OpenClaw?

En enero de 2026, Feng Qingyang, un ingeniero de software de 27 años en Pekín, se cruzó con OpenClaw, un software de inteligencia artificial open-source que básicamente toma control de tu dispositivo y ejecuta tareas solo, sin que tengas que mover un dedo más que para encenderlo y configurarlo. Si te estás imaginando un asistente listo para hacer todo lo que odias, no vas mal encaminado—pero lo que Feng hizo fue jugar con esta herramienta hasta encontrar un hueco de mercado para rentabilizarla, porque no todos son cracks en tecnología.

Antes de que terminara el mes, Feng ya desplegaba anuncios en Xianyu, una plataforma china tipo MercadoLibre de segunda mano, ofreciendo algo que parecía magia pura para los no técnicos: “Instalación OpenClaw remota y sin complicaciones, en 30 minutos”. No necesitas saber programar ni entender jerga técnica, prometía. El resultado: se le saturaron los pedidos y para finales de febrero había dejado su trabajo para dedicarse al 100% a esta locura.

Con una plantilla que ya supera las 100 personas, ha facturado la friolera de 7,000 órdenes, alrededor de 248 yuanes cada una (unos 34 dólares). No está nada mal si piensas que arrancó como side gig. Feng tiene el olfato afilado y no cree en dejar pasar oportunidades. Dice que los programadores son los primeros en notar cuándo el viento cambia. Y este viento sopla fuerte con OpenClaw, la nueva fiebre del AI en China que lo está arrasando todo.

El fenómeno «cangrejo de río» que no para de crecer

En China, OpenClaw ha recibido el cariñoso apodo de “langosta”—no porque sirva como marisco, sino por su logo. Xie Manrui, otro ingeniero, lo explica con simpleza: «¿Has criado una langosta?» es ahora una broma recurrente entre colegas y amigos. Lo que pasó de ser un juguete para geeks ahora es fenómeno en las calles y en la red.

En ciudades como Shenzhen, el hype es palpable. El 7 de marzo, un evento dedicado al tema reunió a más de 1,000 personas; gente literalmente apretujada para escuchar, probar y discutir la herramienta. Que se te crucen abogados, médicos y programadores interactuando de forma casi fanática con un software que controla dispositivos al 100% es un síntoma claro de que esto está dejando de ser nicho para pasar a mainstream.

Incluso gigantes tecnológicos como Tencent están subidos al carro, con eventos públicos y soporte gratuito para instalar OpenClaw. La cosa ha llegado a tal punto que las autoridades locales en distritos como Longgang, Shenzhen, están ofreciendo incentivos como créditos en computación y recompensas para proyectos que usen esta tecnología.

Vaya, hasta los abuelos se están subiendo a la moda—Henry Li, ingeniero de Pekín, dice que fue cuando su padre de 77 años le pidió ayuda para instalarlo que entendió que esto no es un experimento pasajero, sino una verdadera epidemia digital.

¿Por qué todos quieren un OpenClaw, pero casi nadie sabe cómo usarlo?

En teoría, OpenClaw suena tremendo: AI corriendo en segundo plano, haciendo todo más fácil. En la práctica, configurarlo es un dolor. Desde comandos en terminales negras que parecen de otra época, hasta manejar plataformas para desarrolladores que dan más miedo que confianza. Sin olvidar que tu ordenador común (sobre todo si es barato o viejo) puede sufrir solo para correrlo.

Feng y otros expertos han montado un mercado paralelo para suplir esta necesidad. En plataformas como Taobao venden desde tutoriales y apoyo técnico hasta visitas a domicilio por precios que van desde 100 hasta 700 yuanes (15-100 dólares). Hay quien, como Xie, gana lo suyo de tarde: 600 yuanes por medio día instalando y ajustando.

Este “servicio técnico OpenClaw” no es exclusivo de unos pocos: en el fondo es la típica historia millonaria del que sabe, cobra, y ofrece lo que el resto ni siquiera se muerde a entender. Pero ojo, que no todo es tan bonito. Manipular esta tecnología mal instalada puede exponer a riesgos serios, como brechas de datos o ciberataques, y la curva para evitar problemas no es para aficionados.

Hardware y software, una pareja imperfecta pero rentable

¿Qué pasa si instalas OpenClaw en tu portátil del día a día? Pues te juegas la privacidad y seguridad cagándola. Lo que muchos hacen es usar dispositivos separados para la tarea: Mac Minis o MacBooks reciclados, con la herramienta preinstalada y lista para funcionar. Li Gong, vendedor en Shenzhen, ha multiplicado por ocho sus ventas gracias a esta modalidad en apenas dos semanas.

No es nada nuevo que China tenga historiales con este rollo de buscar software pirata, optimizar hardware y montar paquetes personalizados. Desde “jailbreak” en Kindles hasta software de edición, la cultura del paquete preparado siempre ha tenido su hueco. OpenClaw encaja perfecto en esta dinámica: si no tienes un aparato top ni conocimientos técnicos para la instalación, compra uno ya testeado.

Pero la pregunta brutal es: ¿vale la pena? Li Gong y otros apuestan a que sí, pero la respuesta está más en la mente de los que saben manejarlo. ¿Te imaginas instalar la AI más avanzada sin que tu PC muera en el intento? Aquí aparece la burbuja para entendidos, y eso a su vez permite a los primeros en adaptarse exprimirla a fondo.

No es oro todo lo que reluce: ¿es OpenClaw realmente para todos?

No todos están vendiendo su alma a este hype. Jiang Yunhui, un techie en Ningbo, se mantiene escéptico. Lo llama una “prueba de concepto”, un rollo que para la mayoría de los usuarios no tiene utilidad práctica todavía. Es verdad que manejar OpenClaw “de verdad” requiere cierto grado de fluidez técnica, porque las cagadas pueden salir muy caras—y eso sin contar que la herramienta aún está en pañales, básicamente en beta eterna.

El regulador de ciberseguridad chino (CNCERT) emitió un aviso contra los riesgos que representa usar OpenClaw sin precauciones: exposición a fugas de datos y ciberataques son los principales puntos rojos. En medio de toda esta fiebre, alguien tiene que hacer de voz de la razón y evitar un desastre masivo.

Pero las señales claras de vetas de oro están ahí. Feng lo tiene evidente: la maquinaria funciona, el dinero llega y la oportunidad para montar algo propio aprovechando el tirón de la IA es demasiado buena para dejarla pasar. Se ha puesto un año para demostrar que puede pilotar un negocio él solo, con OpenClaw y otros agentes AI en el centro del proyecto.

¿Y qué se cuece tras la fiebre? La trampa del «yo puedo todo»

Al pensar en proyectos que busquen competencia con OpenClaw, títulos gigantescos y startups valientes están jugando su propia carta. Los servicios en cloud, APIs ultra potentes y clones de agentes IA desde Tencent a Alibaba están tratando de canalizar esta ola que se ha desatado tan rápido.

Pero esos primeros minutos de instalación, el licuado de hardware y software, son un cuello de botella casi intencionado para la legión de ignorantes dispuestos a pagar por que alguien más haga el trabajo sucio. Estamos en un contexto donde el ecosistema de seguridad es tan complejo, que la tentación de delegar la instalación a un tercero no es gratis, pero sí bastante irresistible.

Este paisaje también crea burbujas de exclusividad disfrazadas de innovación. Si no sabes conectar dos puntos en Linux y no tienes los billetes para un Mac preconfigurado, te quedas fuera. Eso, o pasas por caja con Feng o Xie. Sólo ellos parecen sacarle jugo.

¿A dónde va todo esto? Sólo para los muy vivos o los muy hábiles

¿En qué quedamos? El oro del que hablan Feng y sus colegas no es para masas, sino para el unicornio entre ellos: gente que sabe o al menos puede pagar para que le monten el tinglado. La seguridad, usabilidad y utilidad real del sistema hoy día están bien lejos de ser para consumo masivo sin dolores de cabeza (y disgustos tecnológicos que te pueden costar caro).

Pero si eres de los que vibra con las startups, tienes un poco de hardware viejo y paciencia para joderte en intentar un setup, o guardas unos dólares para que te lo hagan, adelante: el tren de OpenClaw no se detiene. La pregunta es si se van a repartir bien las ganancias o si los únicos que terminan con el proceso en la mano son esos técnicos—y si sus bolsillos no van a hincharse demasiado rápido para que nadie más pueda subirse.

¿Tú qué crees? ¿Vale la pena invertir tiempo y dinero en un asistente IA que ahora mismo se parece más a una espina clavada en la pierna del usuario común que a un salvavidas tecnológico?

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Por Helguera

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