Más de 350 especialistas de Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos participaron en Exercise Dugong 2026, un entrenamiento multinacional de guerra contra minas y operaciones submarinas que concluyó esta semana en la región de Jervis Bay, Nueva Gales del Sur. La Real Armada Australiana dirigió las maniobras, en las que participaron el cazaminas HMAS Yarra, la unidad neozelandesa HMNZS Matataua y ocho vehículos submarinos autónomos.
El programa combinó buceo de desactivación, eliminación de explosivos marítimos, actividades geoespaciales y operaciones con sistemas autónomos en entornos costeros y de fondo marino. El objetivo de estas tareas es localizar, identificar y neutralizar amenazas bajo el agua que podrían paralizar un puerto o complicar el movimiento de una fuerza naval.
Una mina no necesita hundir un barco para cumplir su objetivo
Las minas navales siguen siendo armas relativamente baratas capaces de imponer costes desproporcionados. No hace falta que una embarcación choque con ellas para que condicionen una operación: la sospecha de que un canal, una bahía o una zona de aproximación está minada puede reducir el tráfico, retrasar despliegues y obligar a inspeccionar el fondo. La guerra contra minas es, por tanto, una parte esencial del trabajo que permite que el resto de la flota se mueva.
Dugong 2026 reunió varias piezas de esa tarea: guerra contra minas, buceo de desactivación, eliminación de municiones explosivas marítimas y actividades geoespaciales. Cada disciplina contribuye a determinar qué hay en el agua, dónde está, qué representa y cómo actuar. El comunicado oficial no detalla escenarios concretos ni resultados de detección, por lo que no permite atribuir al ejercicio una prueba de combate o una evaluación específica de sistemas.
El entrenamiento se centró en operaciones en aguas costeras y sobre el lecho marino, donde las condiciones pueden limitar los sensores, las comunicaciones y la movilidad. La visibilidad puede ser mala y los objetos detectados no siempre se identifican fácilmente. Por eso, la práctica combina personal especializado con plataformas distintas: un cazaminas, buzos y vehículos autónomos cumplen funciones diferentes, y su integración es parte del desafío.
Ocho vehículos autónomos, y el trabajo de averiguar qué aportan
La presencia de ocho vehículos submarinos autónomos fue uno de los elementos tecnológicos destacados de esta edición. Según la información disponible, estaban equipados para tareas relacionadas con minas y contramedidas. No se publicaron sus modelos, sensores, alcance, autonomía ni los resultados obtenidos durante el ejercicio.
Estos sistemas amplían las opciones para operar bajo el agua sin exponer de entrada a un buzo. Un vehículo autónomo puede recorrer una zona de búsqueda o aportar información sobre el fondo marino; el personal especializado conserva la tarea de valorar una amenaza y decidir cómo tratarla. La automatización puede ayudar a cubrir espacio, pero no sustituye el juicio humano, la coordinación ni los procedimientos de seguridad ante un objeto sospechoso.
La integración también exige que la información generada por los sistemas pueda compartirse y aprovecharse durante la operación. El comunicado no describe los protocolos utilizados en Dugong, aunque el director del ejercicio, el capitán Scott Craig, habló de integrar personal, tecnología y capacidades de las armadas asociadas. Los vehículos autónomos pueden complementar a los buzos y a los cazaminas, pero la información que producen debe servir a quienes toman las decisiones.
HMAS Yarra, HMNZS Matataua y una tarea compartida
El ejercicio estuvo liderado por la Real Armada Australiana y contó con el cazaminas HMAS Yarra, la unidad neozelandesa HMNZS Matataua y la participación de la Marina estadounidense. La información oficial no desglosa las tareas de cada participante ni enumera todos los medios empleados. Reunir a buzos, operadores especializados, buques y sistemas autónomos de tres países permite, en todo caso, entrenar la cooperación entre fuerzas que no pertenecen a una sola armada.
El comandante del HMAS Yarra, el teniente de navío Andy Penfold, describió la confianza y la cooperación entre socios como elementos centrales de estas maniobras. En una operación de despeje, las unidades pueden depender de información producida por otra fuerza, coordinar la protección de una zona o sincronizar a buzos y plataformas. Para que esa colaboración funcione, los equipos deben poder compartir datos y comunicaciones y coordinar sus prioridades.
Penfold sostuvo que ejercicios como Dugong mejoran la comprensión entre fuerzas y ayudan a que puedan operar de manera coordinada cuando sea necesario. Eso no significa que las tres armadas vayan a funcionar como una sola ni que desaparezcan las diferencias nacionales, sino que pueden reducir fricciones en una misión compartida. El ejercicio no informó de incidentes ni dificultades; la naturaleza de la tarea, que exige identificar una amenaza, comunicar su ubicación y decidir quién interviene, basta para explicar la importancia de esa coordinación.
El aniversario de los buzos australianos mira al pasado y al trabajo pendiente
Dugong 2026 coincidió con el 75.º aniversario de la capacidad de buceo de desactivación de la Marina australiana, establecida en 1951. La efeméride da contexto a la actividad: Australia lleva décadas formando personal especializado para operaciones marítimas y submarinas. Esta capacidad depende de preparación técnica, práctica y experiencia acumulada.
El capitán Craig señaló que Dugong combinó tecnologías emergentes con capacidades actuales de guerra contra minas y buceo de desactivación para mantener la preparación ante desafíos marítimos presentes y futuros. La formulación es amplia, pero refleja una necesidad persistente: los medios cambian, mientras que despejar rutas y gestionar explosivos bajo el agua sigue siendo necesario.
La integración de ocho vehículos autónomos con personal y unidades navales muestra una adaptación a nuevas herramientas, aunque la información publicada no permite medir su alcance ni comparar los resultados con los de ejercicios anteriores. La Marina australiana destacó una trayectoria de 75 años, pero no publicó cifras de disponibilidad, inventarios de equipos ni evaluaciones operativas que permitan extraer conclusiones más amplias.
Lo que Dugong demuestra, y lo que todavía no sabemos
Exercise Dugong 2026 reunió personal especializado, medios tripulados y autónomos y fuerzas de tres países para operar en aguas costeras. El ejercicio refleja una prioridad duradera: las amenazas submarinas pueden ser difíciles de detectar y costosas de gestionar, por lo que disponer de equipos capaces de buscarlas y neutralizarlas forma parte de la seguridad marítima cotidiana.
No se han publicado los resultados de las pruebas, los detalles de las capacidades de los vehículos autónomos ni una evaluación de los procedimientos practicados. Tampoco se identificaron adversarios, minas reales o un escenario de crisis concreto. La declaración de que las fuerzas quedan mejor preparadas expresa el objetivo del ejercicio, pero no ofrece datos de rendimiento para determinar qué funcionó y qué requiere ajustes.
Entrenar con socios permite practicar la coordinación y acostumbrar a los equipos a operar con personal y medios de otras armadas. Esa experiencia puede reducir demoras y malentendidos en una crisis, aunque la interoperabilidad requiere procedimientos compatibles, comunicaciones claras y práctica sostenida; no se obtiene automáticamente al reunir a varias fuerzas.
La combinación del HMAS Yarra, HMNZS Matataua, más de 350 especialistas y ocho vehículos submarinos autónomos dio al ejercicio una escala considerable para este tipo de entrenamiento. Su principal interés está en la integración de la experiencia humana y los sistemas no tripulados en una misión que exige coordinar la detección, la interpretación y la respuesta.
