El 25 de septiembre de 2026, el Departamento de Guerra de Estados Unidos anunció un contrato con Kongsberg por un valor potencial de hasta 404 millones de dólares para producir y mantener componentes del sistema Naval Strike Missile (NSM) empleado por el Cuerpo de Marines. El acuerdo marco contempla trabajos hasta el 24 de septiembre de 2034, pero no equivale a una compra ya financiada por el importe máximo.
404 millones sobre la mesa, pero no de golpe
El contrato es de precio fijo y cantidades y entregas indefinidas, el formato conocido como IDIQ. El Gobierno establece las condiciones y un techo de gasto, y solicita los equipos mediante órdenes posteriores, según sus necesidades. El anuncio especifica que no se asignaron fondos al firmar: la financiación dependerá de órdenes individuales de entrega y de trabajo.
Kongsberg tampoco contabilizará el valor potencial completo como nuevos pedidos al firmar el marco. Reportará la entrada de pedidos conforme reciba cada asignación concreta. Los 404 millones son el límite posible de una relación de suministro, no una compra cerrada ni una garantía de que se agote antes de 2034.
El alcance sí queda establecido: producción y sostenimiento del lanzador NSM utilizado en NMESIS, junto con el sistema de control de armas y equipos de apoyo relacionados. El acuerdo permite al Cuerpo de Marines solicitar material durante varios años sin negociar desde cero cada lote. El volumen efectivo dependerá de las órdenes que emita Washington.
NMESIS no es un lanzador más aparcado en tierra
El sistema al que da servicio el contrato es NMESIS, siglas de Navy/Marine Expeditionary Ship Interdiction System. Es una capacidad terrestre antibuque que el Cuerpo de Marines considera su prioridad número uno de modernización. Busca que las unidades desplegadas puedan amenazar buques desde posiciones en tierra, sin depender exclusivamente de plataformas navales o aéreas para atacar objetivos marítimos.
Según la descripción de los Marines, NMESIS emplea un lanzador operado a distancia, montado sobre una plataforma basada en el Joint Light Tactical Vehicle (JLTV), un vehículo táctico ligero. Cada lanzador lleva dos misiles NSM. La movilidad terrestre permite distribuir los lanzadores y plantear amenazas desde distintos puntos; su utilidad dependerá de cómo se integren en el despliegue y de los apoyos disponibles.
La apuesta encaja con operaciones en las que los Marines actúan desde posiciones dispersas y contribuyen a negar el acceso a zonas marítimas. Para emplear el sistema se requiere transportarlo, desplegarlo, conectarlo a una cadena de mando y disponer de información de objetivos suficientemente precisa. NMESIS reúne el lanzador y el arma; el contrato de Kongsberg se centra en mantener disponibles esos componentes y el equipo asociado.
La prioridad del programa da contexto al techo de 404 millones, pero no elimina la incertidumbre presupuestaria. Las compras pueden escalonarse, ajustarse o retrasarse; el ritmo de ejecución dependerá de las órdenes posteriores.
Qué ofrece el NSM y qué no conviene exagerar
Kongsberg describe el NSM como un misil de vuelo subsónico alto, con un peso de 407 kilogramos y un alcance superior a 300 kilómetros. Puede lanzarse desde distintas plataformas y está diseñado para atacar objetivos marítimos y terrestres. El alcance publicado, por sí solo, no indica qué sensores detectan el blanco, cómo se distribuye la información ni qué condiciones se necesitan para ejecutar el ataque.
El fabricante atribuye parte de su capacidad de maniobra al diseño del fuselaje y a su relación empuje-peso. También señala que el misil utiliza funcionamiento pasivo, vuela a baja altura sobre el mar y realiza maniobras en la fase terminal para reducir su exposición a las defensas aéreas. Esos rasgos buscan complicar la detección y la interceptación, pero no garantizan que pueda atravesar cualquier defensa: también influyen las contramedidas, el entorno y la protección del objetivo.
El NSM incorpora una función de reconocimiento autónomo de objetivos, ATR, concebida para detectar e identificar blancos antes del ataque. La información disponible no detalla sus límites, sus condiciones de uso ni cómo se combina con información externa. Tampoco implica necesariamente que el sistema opere sin intervención humana en todas las etapas.
El contrato no es una compra aislada de misiles: cubre lanzadores, control de armas y equipo de apoyo para sostener NMESIS como capacidad operativa.
Una cadena de suministro repartida entre dos países
El 85% de las tareas previstas se realizará principalmente en Kongsberg, Noruega. El 15% restante corresponderá a las instalaciones de la compañía en Johnstown, Pensilvania. Aunque el cliente sea estadounidense y el sistema esté destinado a los Marines, la mayor parte del trabajo industrial quedará en manos de la empresa matriz noruega.
La sede de Johnstown aporta presencia productiva en Estados Unidos y puede facilitar la relación con el cliente y el sostenimiento local. La producción, sin embargo, dependerá de una cadena transatlántica que requiere coordinación, planificación y continuidad industrial. En un contrato que puede extenderse hasta 2034, mantener el flujo de componentes y soporte será importante más allá de las primeras unidades.
La contratación no se realizó mediante competencia abierta. La actividad contractual figura a cargo del Portfolio Acquisition Executive del Cuerpo de Marines en Quantico, Virginia. La información publicada no desarrolla la justificación de la adjudicación directa.
El marco permitirá cursar órdenes de producción y sostenimiento según se requieran. Ofrece flexibilidad al comprador y continuidad potencial al proveedor, pero no asegura a las plantas un volumen equivalente al techo contractual. La carga de trabajo dependerá de los presupuestos, los calendarios y las órdenes firmes.
La relación con la Marina ya venía de antes
En 2024, Kongsberg firmó un contrato plurianual de adquisición del NSM con la Marina de Estados Unidos, destinado a suministrar misiles a la Armada y a la Fleet Marine Force durante cinco años. El valor inicial indicado fue de 10.000 millones de coronas noruegas, equivalentes entonces a unos 1.040 millones de dólares, con opciones que podían elevar el valor acumulado a 12.000 millones de coronas.
Los contratos tienen alcances distintos. El de 2024 cubre adquisiciones del misil para la Marina y la fuerza de Marines; el nuevo marco se enfoca en la producción y el sostenimiento del lanzador utilizado por NMESIS, el sistema de control de armas y el equipo de apoyo relacionado. Ambos muestran que el NSM cuenta con una línea de suministro estadounidense que abarca más de una plataforma, pero sus cifras no deben sumarse como si fueran una única compra garantizada: cada acuerdo tiene sus propias órdenes.
La continuidad entre ambos acuerdos ayuda a explicar la presencia del NSM en los planes estadounidenses. Una misma familia de armas puede atender necesidades distintas en plataformas y unidades diferentes, lo que puede simplificar la relación con el proveedor y sostener una base logística común. Para Kongsberg, amplía la presencia del producto en la cartera de defensa de Estados Unidos, aunque los pedidos deberán traducirse en entregas reales.
El nuevo contrato establece un marco de hasta 404 millones de dólares, sin fondos comprometidos al momento de la adjudicación, para apoyar durante años un sistema que los Marines consideran prioritario. El volumen y el calendario de entregas se conocerán a través de las órdenes concretas.
