Synspective ha contratado a Mitsubishi Heavy Industries para lanzar dos satélites radar StriX en un cohete japonés H3 en 2027. Será la primera vez que una parte de esta constelación, que suministra imágenes al Ministerio de Defensa de Japón, viaje al espacio en un lanzador nacional. Desde 2020, todos los StriX han despegado en cohetes Electron de Rocket Lab desde Nueva Zelanda.
El cambio importa por algo más que la bandera del cohete. Japón busca construir una red de observación útil para la defensa y reducir sus dependencias para acceder al espacio. Sin embargo, Rocket Lab aún tiene más de una docena de misiones de Synspective pendientes y los dos vuelos del H3 no están previstos hasta 2027.
Un cohete japonés para una capacidad que ya es estratégica
El acuerdo se anunció el 18 de septiembre. No se comunicaron el precio del lanzamiento ni una fecha concreta dentro de 2027. Los satélites partirán del Centro Espacial de Tanegashima, operado por la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), y se colocarán en una órbita de inclinación media. Según Synspective, esa trayectoria permite realizar pasos frecuentes sobre centros económicos y zonas expuestas a desastres, también en la región del Indo-Pacífico.
Ese perfil sirve para vigilar infraestructuras, seguir cambios en el terreno después de un terremoto y observar áreas relevantes para la seguridad nacional. Son tareas distintas, pero pueden apoyarse en el mismo tipo de satélite. Para un gobierno, una constelación comercial permite ampliar la observación sin diseñar y operar cada aparato desde cero.
El H3 es el principal cohete japonés de gran tamaño y sustituyó al H-IIA. Mitsubishi Heavy Industries lo fabrica y se encarga de los lanzamientos. Para Synspective, reservar capacidad en este vehículo suma una ruta local a la que ofrece Rocket Lab. Para Tokio, encaja con el objetivo de que los satélites de interés estratégico puedan llegar a órbita mediante una cadena industrial propia.
Un cohete nacional también puede sufrir retrasos, problemas técnicos o falta de disponibilidad. La ventaja concreta es contar con otra opción bajo control japonés, en lugar de depender de un único proveedor extranjero.
Radar: mirar de noche y atravesar las nubes
Los StriX emplean radar de apertura sintética, o SAR. En vez de depender de la luz visible, envían pulsos de radio hacia la superficie y procesan el eco para formar imágenes. Así pueden observar de noche y obtener datos aunque haya nubosidad, una ventaja en una región donde el mal tiempo puede impedir la observación óptica.
Cada satélite pesa alrededor de 100 kilos y despliega en órbita una antena de radar de unos cinco metros de ancho. La antena recoge las señales reflejadas y permite construir imágenes del terreno. La utilidad no depende de que el satélite sea enorme, sino de poder repetir observaciones y comparar los cambios a lo largo del tiempo.
Una imagen aislada puede mostrar una instalación, una carretera o una zona inundada; una serie permite detectar obras nuevas, daños, movimientos o variaciones en el entorno. Para las fuerzas armadas, esa continuidad puede contribuir a la vigilancia y la planificación. El contrato de Synspective con Defensa japonesa contempla imágenes de radar destinadas a respaldar capacidades de defensa de largo alcance, descritas como la posibilidad de atacar amenazas desde fuera de su alcance.
La tecnología también sirve para evaluar daños tras un desastre y vigilar infraestructuras. Esa doble utilidad explica por qué el Estado puede respaldar empresas privadas y adquirir datos para fines de seguridad. La frecuencia de revisita, la resolución disponible, el procesamiento y el tiempo que tarda la información en llegar a sus usuarios determinan su valor operativo.
La factura de defensa supera los 283.000 millones de yenes
En diciembre de 2025, el Ministerio de Defensa japonés eligió un consorcio de siete empresas para desarrollar y operar una constelación financiada de forma privada y destinada a proporcionar imágenes para la defensa nacional. El grupo incluye a Synspective, iQPS, Axelspace, Mitsubishi Electric, SKY Perfect JSAT, Mitsui y Mitsui Bussan Aerospace. El contrato, firmado el 19 de febrero de 2026, asciende a 283.100 millones de yenes, unos 1.800 millones de dólares, y se extiende hasta marzo de 2031.
Synspective recibió un subcontrato de 105.600 millones de yenes, equivalentes a unos 672 millones de dólares, para suministrar imágenes radar que apoyen las capacidades de defensa a distancia de Japón. Esa suma no corresponde al precio de los dos lanzamientos del H3, que la empresa no reveló: un contrato cubre servicios de imágenes dentro del programa de defensa y el otro, la puesta en órbita de dos satélites.
La participación de varias compañías permite contratar capacidades complementarias y ampliar la cobertura sin encomendar toda la red a un único fabricante. También exige coordinar sensores, operadores, procesamiento de datos y usuarios militares. La rapidez y la integración con los sistemas de análisis son determinantes para que las imágenes resulten útiles.
El calendario hasta marzo de 2031 apunta a un programa de vigilancia sostenida, no a una solución puntual para una crisis. Eso requiere constelaciones, reposición de satélites y acceso frecuente a lanzamientos. La participación privada puede repartir costes y acelerar adquisiciones, pero el cliente principal de estos datos sigue siendo el Estado.
Autonomía espacial, con una salvedad bastante grande
Synspective ha presentado el acuerdo con MHI como un paso hacia la autonomía estratégica para acceder al espacio. Dos StriX en el H3 no sustituyen de golpe a la flota de Electron: Rocket Lab ha lanzado todos los satélites de la compañía desde 2020 y conserva más de una docena de misiones en su manifiesto. Synspective aspira a reunir una constelación de alrededor de 30 satélites antes de que termine la década.
Japón diversifica sus opciones, pero no se desacopla de Rocket Lab. Contar con varios proveedores reduce el riesgo de quedar atado a un solo calendario o plataforma. La ruta nacional será útil si el H3 ofrece disponibilidad, fiabilidad y capacidad cuando Synspective necesite lanzar. Los dos satélites previstos para 2027 serán una prueba inicial.
El Fondo de Estrategia Espacial de JAXA, un programa gubernamental de apoyo a empresas espaciales japonesas, añade otra pieza. Synspective señaló que su selección muestra que su tecnología encaja con la política espacial nacional. El apoyo público puede sostener una industria que necesita inversión y contratos de largo plazo; la autonomía requiere también financiación y una base industrial capaz de fabricar y lanzar.
Takushi Nakamura, ejecutivo de Synspective, sostuvo que los datos radar solo pueden aprovecharse de inmediato en respuesta a desastres, vigilancia de infraestructuras y seguridad si los satélites llegan a órbita de forma continua y fiable. Programar lanzamientos, mantener satélites y transmitir datos a tiempo será clave para que esa capacidad funcione.
¿Qué cambia cuando el acceso al espacio se vuelve parte de la defensa?
El acuerdo vincula los satélites que recogen información, las empresas que la convierten en un servicio y los cohetes que permiten mantener la red. Si falla cualquiera de esos eslabones, la vigilancia se resiente. Japón combina operadores privados, contratos públicos y un lanzador nacional para asegurar la cadena y reducir una dependencia que podría ser problemática en una crisis.
El anuncio no detalla la resolución de las imágenes, cuántos satélites del consorcio estarán operativos en cada momento ni cómo se repartirán los datos entre usos civiles y militares. Tampoco precisa las fechas de los vuelos de 2027. Sin esos datos no se puede medir cuánto mejorará la cobertura ni qué ritmo de observación obtendrá Defensa. Las cifras de inversión y el tamaño de la constelación muestran la ambición, pero no permiten evaluar por sí solos el rendimiento real.
Japón busca una capacidad persistente, no una colección de satélites desconectados. Los alrededor de 30 StriX previstos para finales de la década, junto con los sistemas de las otras empresas del consorcio, podrían ampliar las oportunidades de observación y permitir que distintas fuentes se complementen. Esa continuidad puede ser útil para responder a desastres y vigilar cambios, aunque la interpretación de los datos seguirá dependiendo de personas y sistemas en tierra.
El H3 tendrá que demostrar fiabilidad y regularidad. Mientras tanto, la constelación seguirá dependiendo en buena medida de Electron. La observación requiere satélites en órbita que transmitan datos y puedan ser reemplazados a tiempo; los dos lanzamientos de 2027 pueden abrir una ruta nacional, pero no garantizan por sí solos esa capacidad.
