Adiós al silicio, hola al vidrio en chips para IA

Por fin. A un paso de dejar atrás el reinado casi eterno del silicio, Absolics, una empresa surcoreana, se anima a fabricar este 2026 los primeros paneles de vidrio para chips orientados a inteligencia artificial. No hablamos de cualquier cristal de esos que pones en la ventana, sino un vidrio manufacturado que promete revolucionar la eficiencia energética y el rendimiento en centros de datos, esos monstruos eléctricos donde mueven ficha las bestias de la IA.

Intel, que no quiere quedarse fuera del juego, también está metiendo pasta y músculo en esta dirección. ¿La idea? Que los centros de datos, con la demanda descontrolada de cálculos para entrenar modelos cada vez más complejos, no sean piscinas ardientes a costa de un consumo energético que ya ni sabemos cómo justificarle a la humanidad. Lo mejor: esto no solo es para gringos con servidores gigantescos, sino una potencial mejora para laptops y móviles del común mortales, que podrían aprovechar chips más potentes y con menos hambre de batería.

Y aquí se huele la trampa: el vidrio no es conductor eléctrico, o al menos no en el sentido tradicional, entonces el truco está en usarlo como sustrato que mejora la disipación térmica y permite hacer componentes más densos, integrados mejor, y quizá con nanomateriales que están aún en pañales. En definitiva, algo que deje atrás esa eliminación brutal de calor, fuente directa de throttling y dejar de quemar la factura mensual por cada click.

La paradoja: el vidrio, un material inventado hace miles de años, va a ser el salvador de la nueva era tecnológica. Qué ironía tan extraña.

¿Un logo “AI-free”? El marketing se pone aburrido… y un poco paranoico

La frenética carrera no es solo técnica. También es de imagen. ¿Quién lo iba a decir? El mundo empieza a reclamar un logo global para identificar productos “libres de inteligencia artificial”. Sí, han leído bien. Esto no es broma ni ciencia ficción, es una tendencia literal que está cogiendo carrerilla y que podría terminar siendo tan común como el sello de “orgánico” o “sin gluten”.

La BBC reporta que marcas y organizaciones quieren establecer este sello mundial que denigre o destaque productos elaborados solo por humanos, sin algoritmos ni máquinas decidiendo nada. Y hay una campaña gruesa que anima a abandonar ChatGPT y similares, bautizada como QuitGPT. La paranoia o rechazo hacia la IA tiene sus raíces, al menos públicamente, en la pérdida de control, la ética (o falta de) y la influencia en el empleo y decisiones humanas.

Lo curioso: estamos en ese punto donde la gente ya ni sabe si lo que tiene delante fue diseñado en un ordenador o por humanos, y eso produce una mezcla entre desconfianza y necesidad de autenticidad clásica. ¿Pero esto funciona de verdad? ¿Quién va a comprar algo simplemente porque no tuvo un algoritmo detrás? Además, crear un estándar universal no es moco de pavo cuando las fronteras y definiciones de lo que es “IA” se diluyen día a día.

O sea, que el marketing se va a llenar de certificaciones con nombre y apellido (¿certificado humano 1.0?) que quizá al final no sean más que pijadas para calmar demonios internos. Lo interesante es ver cómo se enfrenta la sociedad a esta fobia tecnológica que no parece querer ceder.

Elizabeth Warren vs. xAI: la guerra por datos militares y la privacidad digital

No hace ni un mes y ya está ardiendo el culebrón: la senadora Elizabeth Warren, vocera ejemplar del control tecnológico y ético, exige respuestas sobre el acceso que la empresa xAI (sí, la de Elon Musk) habría tenido a redes clasificados militares del Pentágono. Según NBC News, la milicia estadounidense le abrió la puerta a esos datos ultrasecretos para que sus algoritmos chupen jugo de información confidencial.

¿Y para qué? No es una simple anécdota. Los chatbots y modelos de IA pueden ser utilizados para tomar decisiones de targeting, para elegir objetivos militares o estrategias. Esto no es “jugar a los algoritmos” sino meter a la IA en el terreno más delicado y peligroso posible: la guerra.

La sombra larga: el Departamento de Defensa lleva años peleando con software anticuado en aviones de combate y sistemas críticos. Con la inflación y los recortes, han buscado atajos en tecnologías externas, pero el resultado es un cóctel que puede terminar en desastre por falta de transparencia y control.

La presión política que el caso xAI genera es un llamado de atención. Porque no basta con colonizar la granja de datos, sino que deben existir controles rigurosos y una regulación que asegure que estas tecnologías no sean armas desencadenadas sin freno.

Un dato para los escépticos: actualizar sistemas militares es un parto techie muy costoso y lento. Si la guerra la deciden máquinas sin supervisión humana clara, la cosa se pone densa. Warren solo está poniendo nombre y apellidos a un problema que nadie quiere mencionar en voz alta, y menos con Musk metido en la mezcla.

Meta y ByteDance: ajustando cuentas con el AI-hype y las demandas laborales

Meta prepara la tijera: más del 20% del personal podría salir por la puerta, según Reuters, para cuadrar números luego de hacer una inversión faraónica en su division de inteligencia artificial. ¿Resultado? Aún no está claro si la apuesta gigante va a ser rentable o simplemente un agujero sin fondo.

Y ya sabemos cómo va este cuento: promesas grandilocuentes de cambiar el status quo, generar nuevas bases de datos y entrenar modelos de IA que rocían innovación por todos lados, mientras en la oficina la realidad es que una tropa entera se queda sin curro. No estamos hablando solo de tecnicismos, sino de impacto social real.

Mientras tanto, ByteDance se llevó el susto cuando su modelo de IA para video se topó con problemas legales por copyright. La joyita que había generado escenas con Tom Cruise y Brad Pitt peleándose tuvo que retrasar su lanzamiento. Vaya tela con la propiedad intelectual en la era digital. Lo que parecía un avance rompedor de deepfakes y contenido generado por IA terminó siendo un lío con posibles demandas por suplantación y derechos de imagen.

Estos casos dejan claro que la velocidad de la innovación se topa con los frenos legales y regulatorios, que no van a ceder ni un milímetro solo porque quieran surfear la ola del hype tecnológico.

La caza de modelos falsos: estafas románticas y el lado oscuro de la IA

Si pensabas que los riesgos de la IA eran solo técnicos o económicos, aquí va una que te pone la piel de gallina. La prensa especializada ha documentado cómo “modelos faciales de IA” se están usando como señuelos en estafas románticas para engañar y sacarle dinero a víctimas desprevenidas.

Wired y MIT Technology Review describen a estas “caras artificiales” preparadas por criminales para crear perfiles creíbles en plataformas de citas, luego manipulan emocionalmente a la víctima hasta desangrarla económicamente. Y el problema no termina ahí. Situaciones conocidas como «pig butchering» han encontrado en la IA un aliado letal, complementando técnicas clásicas con generación de voces, video y mensajes automatizados.

Hay una broma macabra en que los “modelos” no solo son rostros, sino edificios enteros de mentiras perfectamente orquestadas por algoritmos. Aquí, los avances que debían ser para bien se vuelven herramientas de manipulación y destrucción personal. ¿Quién regula esto si ni siquiera los entienden del todo?

Las víctimas cuentan los horrores: la mezcla de la soledad con la tecnología implacable, un siniestro cocktail para estafadores que saben que la confianza es la moneda más fácil de falsificar.

¿La próxima frontera? Computación lunar y tecnologías híbridas

Mientras el planeta discute qué pinta tiene un logo “AI-free” y reclaman por privacidad, en Washington se cuece una movida estratégica que ni los memes han captado del todo: el gobierno de Estados Unidos prepara lo que llaman un “moonshot” para la computación.

Sí, no hablamos de mandar gente a Marte ni construir bases lunares; esto va de plantear una estrategia de innovación súper ambiciosa para llevar la computación mucho más allá de lo que conocemos: añadidos cuánticos, neuromórficos (imitando al cerebro humano), o computación reversible que ni los físicos terminan de entender del todo.

El National Semiconductor Technology Center quiere emular el enfoque de DARPA para apostar a programas gigantescos con riesgo y retorno altísimo dentro del hardware, impulsando combinaciones de materiales (vidrio, grafeno, superconductores) y algoritmos que podrían conformar sistemas híbridos hasta ahora solo imaginados en papers de ciencia.

¿El riesgo? Que este tipo de iniciativas son caras y su éxito tardío, y que la política en Washington siempre es más conservadora que visionaria. O aceptan jugar en serio o seguirán en el eterno bucle de “mantener la delantera cinco años más” sin sacudir el tablero.

Los próximos años dirán si pueden pasar de vender promesas a generar revoluciones de verdad.

Internet en decadencia y el poder de la resistencia local

No todo es brillo tecnológico; el lado oscuro de la red mundial está decantándose en algo tan pestilente como esperable: la enshittificación. Sí, esa palabra (la pusieron los creativos de The Guardian y MIT Technology Review) para describir el declive de plataformas gigantes que han convertido internet en un basural de contenido basura, publicidad invasiva y pérdida de privacidad.

Noruega, de manera admirable, está tomando cartas en el asunto para combatir esta plaga digital. Se suman a una campaña global que busca frenar esta erosión y mirar más allá de los monopolios que dominan lo que vemos y cómo lo consumimos.

La idea no es menos intensa que un golpe de timón: replantear el futuro de la navegación y consumo de contenido hacia algo más humano, descentralizado y justo. El reto es mayúsculo, porque implica romper con modelos de negocio asentados y hábitos digitales que no solo parecen inevitables sino que se han naturalizado.

Mientras tanto, la pregunta queda: ¿los usuarios quieren realmente un internet decente? ¿O preferimos resignarnos a este lodazal digital porque estamos demasiado cómodos en él?

¿Y tú qué opinas? ¿Está la tecnología pisando firme o patinando en frágil vidrio?

No hay posibilidad de escabullirse ni de hacerse el despistado. Todo lo que está pasando —desde chips de vidrio que podrían revolucionar la eficiencia energética, pasando por campañas contra la IA o el uso de esta para manipular hasta la guerra y los amores falsos— es el reflejo de un mundo que está reconfigurando su base tecnológica con velocidad inusitada, pero sin saber muy bien a dónde va.

¿Nos salvará un sello “AI-free” o nos joderá que la politización y paranoia terminen por frenar avances? ¿Será la computación lunar y otras locuras una luz al final de este túnel lleno de cansancio y recortes de empleo o solo un espejismo imposible?

Mientras tanto, seguimos en este presente donde cada tuit puede significar desde un fraude romántico hasta una filtración de secretos militares.

¿Vale la pena esta locura tecnológica o estamos vendiendo nuestra alma a cambio de unos teraflops más? La elección es nuestra… o al menos esa es la ilusión que nos gusta mantener.

Artículos Relacionados

Por Helguera

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *