Los jóvenes que están revolucionando la biotecnología y no, no es ciencia ficción
MIT Technology Review lanzó su lista anual de los 35 innovadores menores de 35 años, y bueno, si pensabas que la biotecnología seguía siendo cosa de laboratorios polvorientos, prepárate para el shock. Nueve genios emergentes están pateando el tablero, desde terapias que «reprograman» el cuerpo para recuperar la vista hasta electrodos cerebrales diminutos que parecen sacados del arte japonés. Pero ojo, no se quedan ahí: diseñan virus con inteligencia artificial generativa. Sí, virus. Pero tranquilos, la idea es crear nuevos fármacos o absorber la contaminación; no, no buscan la extinción humana.
¿Un ejemplo? Un tratamiento personalizado de edición genética para un bebé con un trastorno extremadamente raro. Eso no es solo ciencia, es una promesa de cambiar el concepto mismo de enfermedad. Estos jóvenes no solo están construyendo el futuro; están rediseñando lo que entendemos como posible dentro de la biotecnología.
Este es solo uno de los cuatro focos principales en el rutilante universo del 35 Innovadores Under 35 2026: biotecnología, robótica, inteligencia artificial, y energía y cambio climático. ¿Qué tienen en común? Que están a punto de cargarle un balde de agua helada a cualquier idea obsoleta que tengas sobre la tecnología en estos campos.
Hertha Metals y la promesa de un acero barato y limpio: ¿realidad o más humo verde?
La industria del acero, te lo juro, parecía anclada en 1850. La purificación del mineral de hierro casi no ha cambiado desde entonces. Aquí llega Laureen Meroueh, fundadora de Hertha Metals, para dinamitar la tradición con una idea brutal: un horno capaz de convertir el mineral de hierro en acero líquido refinado en un solo paso. El golpe maestro: sustituir el carbón por gas natural, reduciendo las emisiones a la mitad y bajando los costos un 25%.
¿Suena demasiado bonito para ser verdad? Puede que no. La clave está en la eficiencia del proceso y la eliminación de etapas intermedias engorrosas y contaminantes. Si la promesa se cumple, podría significar un cambio de paradigma para una industria que aporta un buen chunk de la contaminación global.
Pero ojo, no es un milagro instantáneo. Sustituir carbón por gas natural trae sus propios dilemas ambientales porque el gas, aunque «más limpio», sigue siendo un combustible fósil. Aun así, Meroueh apunta a reducir sustancialmente la huella de carbono sin petar el presupuesto, lo que, para bien o para mal, es lo que mueve cualquier innovación hoy: la relación costo-eficiencia.
La delgada línea entre la genialidad y el peligro en la IA aplicada a la biotecnología
¿Sabías que la empresa Anthropic detectó que algunos usuarios estaban intentando montar armas biológicas con ayuda de IA? Sí, leíste bien. Cinco casos detectados de potenciales bacterias y virus armamentísticos generados con inteligencia artificial. Sumale seis casos más de software para armamento convencional. Todo esto está documentado en un informe reciente que quita el sueño.
A la par, gobiernos usan IA para vigilancia masiva (sí, el ojo que todo lo ve ahora tiene unos cuantos ceros de poder detrás) y hackers rusos están automatizando ataques gracias a este tipo de tecnología. No es un guion de Black Mirror, sino la vulnerabilidad brutal de nuestro ecosistema tecnológico hoy.
Esto abre un debate difícil: ¿deberíamos poner freno a la velocidad con la que se desarrollan estas tecnologías? Bill Gates ya advirtió sobre la necesidad de nuevos controles, mientras que la realidad en el terreno se vuelve cada vez más compleja y peligrosa. Cada avance tiene su contraparte potencialmente apocalíptica, y todavía nadie ha encontrado una solución mágica para balancear esto.
California pone orden en la jungla digital: prohibidas funciones adictivas para menores
Por fin, un poco de sentido común en la era de la pantalla perpetua. California ha prohibido funciones como el scroll infinito y la reproducción automática para usuarios menores de 16 años. ¿El objetivo? Frenar la dependencia que generan estas mecánicas, esas trampas invisibles que te atrapan sin darte cuenta.
También introduce normas para inteligencia artificial y chatbots compañeros, regulando una frontera cada vez más difusa. El nunca antes visto en EE.UU. Este tipo de regulación puede marcar tendencia, porque, vamos, la adicción digital es un problema global que nadie quería enfrentar en serio.
Pero no te emocionales demasiado: estas leyes suelen tener agujeros y siempre hay gobiernos o empresas que buscan la forma de esquivarlas. Sin embargo, esto podría ser un punto de inflexión y una señal de que, tal vez, la industria dejará de valorar la adicción del usuario como su principal motor financiero.
Trabajadores del tech contra sus dobles digitales: la pelea invisible que pocos cuentan
En abril apareció un proyecto llamado Colleague Skill, que prometía «destilar» las habilidades y la personalidad de un trabajador y replicarlas en un agente de IA. Spoiler: era una parodia, pero tocó un nervio sensible en los trabajadores tecnológicos chinos, acostumbrados a volcar su vida digital para después verse sustituidos por esa misma máquina.
Resulta que muchos jefes ya presionan para que los empleados documenten sus procedimientos para automatizarlos. La identidad profesional se diluye en código y workflows mientras las empresas buscan exprimir cada gota de productividad algorítmica.
No todo está perdido: algunos trabajadores han empezado a sabotear estas automatizaciones con trucos diseñados para confundir a los sistemas. Una batalla clásica de gato y ratón que muestra que no todo es ceder ante la maquinaria.
Música, taxis voladores y la conquista lunar: lo que la tecnología nos deja hoy
Mientras unos luchan por controlar los excesos de la IA, otros ya la usan para hacer remixes musicales (Universal y ElevenLabs están en eso) y para desarrollar taxis aéreos eléctricos que ya vuelan en Texas. También NASA y IBM colaboran en un modelo IA que mapea la luna para identificar hielo y zonas de aterrizaje seguras.
No todo es drama: la innovación avanza, pero la pregunta es qué precio estamos pagando y cuánto de este progreso realmente nos acerca a un futuro decente, y cuánto a una distopía maquillada de comodidad.
Y mientras algunos quieren preservar la esencia (un tipo recopila escaneos 3D de baños públicos en EE.UU., por si te preguntas a dónde va la cultura digital), otros ya están entrenando sus «dobles» IA, una práctica que no sabes si reírte o llorar.
¿Vale la pena esta revolución tecnológica o estamos creando un monstruo más caro?
Lo que está claro es que la tecnología no se detiene ni se controla fácilmente. De innovadores biotecnológicos que parecen de película, a procesos industriales que intentan ser verdes sin arruinarnos, pasando por el alambre de alta tensión que es la IA y la ética, esta era nos lanza un puñado de avances que impresionan, pero también asustan.
¿Quién regula? ¿Quién pone límites? ¿Y qué lado nos toca a nosotros, los usuarios, trabajadores o simples espectadores? Mientras unos limpian el acero y otros diseñan vacunas con algoritmos, a nosotros solo nos queda escoger si ser pasajeros de lujo o peregrinos resignados en este frenético viaje.
