¿Realmente perimenopausia o solo ruido?

En la trinchera hormonal, la perimenopausia ha pasado de ser un tabú a una tormenta viral, impulsada por doctores de tele y gurús digitales que repiten hasta el hartazgo que estás en esa fase si rondas los 46 o 47 años y no te sientes ni sombra de ti misma. El término perimenopausia define ese periodo que precede al último periodo menstrual, que suele darse un año después del último sangrado, marcando la menopausia real. Pero ojo: ese tramo que puede durar años, lleno de síntomas como sofocos, irregularidades menstruales o ansiedad, no es tan claro ni predecible como te lo pintan en Instagram o TikTok.

Mary Ann Lumsden, expresidenta de la International Menopause Society, no se anda con medias tintas: “Los síntomas pueden ser peores en perimenopausia precisamente por el caos absoluto en los niveles hormonales”. Estrógeno, progesterona, hormona luteinizante y foliculoestimulante suben y bajan como en montaña rusa sin aviso. ¿Y un test que lo detecte? Ni soñarlo. Los análisis de sangre son un chiste cuando las hormonas pueden cambiar de un día para otro, según Lumsden.

Llevas unos meses agotada, con dolores que no se explican y crees que la perimenopausia es la respuesta definitiva. Error. La perimenopausia está ahí, sí, pero no es un cajón de sastre para cualquier malestar midlife. Y más importante aún: precaución con las estrategias automedicadas o consejos que se repiten en redes, que por lo visto hoy en día todo se arregla con un vial de terapia hormonal.

HRT: La solución milagro que no es tan milagro

Esta “terapia de reemplazo hormonal” (HRT) se ha convertido en la estrella de un montón de discursos online. “Pídela, insiste, cambia de médico si te dice que no”, sugieren, casi como un mantra. La realidad es menos simple. Paula Briggs, que lidera el servicio de menopausia en Liverpool Women’s Hospital y fue presidenta de la British Menopause Society, avisa de que este bombardeo de mensajes no ayuda, para nada.

Las hormonas que se reponen con HRT son las que caen en la menopausia: estrógeno y progesterona principalmente. Los medicamentos vienen en un arsenal diverso, con dosis y vías de administración distintas, pero —y aquí está el detalle— fueron diseñados y aprobados para mujeres menopáusicas, no perimenopáusicas.

Lumsden explica que, en plena tormenta hormonal premenopáusica, meter un HRT estándar puede acabar siendo como intentar silenciar un concierto con un susurro: tu propio cuerpo sigue produciendo hormonas, y la terapia se traga o se pierde en este descontrol. Además, el tratamiento puede causar sangrados anómalos o empeorar síntomas, lo cual no es precisamente un camino recto hacia el bienestar.

La industria y las redes venden que la HRT es la panacea para todos los males de la mujer en edad media, pero este enfoque simplista raya en lo irresponsable. Y ojo, que mientras algunas mujeres se ven súper beneficiadas, otras lo pasan fatal o directamente no son candidatas —por historia clínica, riesgos u otras variables que ni siquiera se mencionan en los vídeos virales que inundan las plataformas.

El peligro oculto detrás del “todo es perimenopausia”

¿Sabes esa lista interminable de síntomas que las cuentas virales asocian con perimenopausia? Fatiga, niebla mental, dolores varios, problemas digestivos. Todo se pone en el mismo saco. Nanette Santoro, profesora en obstetricia y ginecología, señala que la mayoría de estos no están tan ligados a los cambios hormonales clave que marcan la menopausia.

Esto sería como acusar al café de todo lo malo que te pasa después de una noche de juerga: simplificar y no querer complicarse. Pero desde luego, hay muchas otras causas para fatiga o dolores que ni la perimenopausia ni la menopausia van a arreglar.

¿La consecuencia? Mujeres jóvenes (40-45) creyendo que sus achaques, que podrían ser por otras enfermedades o condiciones, son simplemente “parte del paquete” hormonal y dejando pasar chequeos imprescindibles. El caso de la autora, que sufre dolores pélvicos intensos causados por endometriosis, y que empeorarían con cierta HRT, es el retrato del problema.

Por favor, si algo no va bien, ve al especialista. No te tragues lo que dice TikTok sin filtro y sin sentido crítico médico. Que no te vendan la perimenopausia como la única explicación para lo que te pasa.

Suplementos y vitaminología estéril

Menopausia, perimenopausia: palabras que han movilizado un ejército de suplementos, vitaminas y potingues milagrosos con promesas que harían sonrojar al mismísimo panadero con la masa madre. ¿La ciencia? Escasa, inexistente, e incluso sospechosa.

Lumsden no se muerde la lengua. “No veo mecanismos claros por los que estos suplementos puedan funcionar”, dice con contundencia. El mercado está inundado de productos dirigidos a mujeres en esta franja etaria, muchos sin etiquetado claro, con ingredientes dudosos o concentraciones que dejan mucho que desear.

En algunos casos, las mujeres cuentan que toman testosterona para paliar síntomas, pero cuando Lumsden revisa análisis de sangre, los niveles de testosterona no cambian, lo que indica que o bien la sustancia no es la que promete, o está en dosis ínfimas, o se trata de un efecto placebo puro.

De fondo, esta industria se aprovecha de la incertidumbre, el miedo y la búsqueda desesperada de soluciones rápidas. Y, claro, cuesta horrores distinguir qué está validado y qué es pirotecnia comercial, porque no hay regulación estricta ni control real sobre estos suplementos específicos. Así que nada de creer que “natural” es sinónimo de “eficaz”.

Hormonas: el verdadero lío de fondo

La perimenopausia no es solo una fase con un montón de síntomas; es una montaña rusa biológica que, si tienes la mala suerte de estar en ella sin apoyo competente, te puede dejar hecha polvo. La volatilidad hormonal es tal que pueden variar de un día a otro o incluso dentro del mismo día.

Este caos no solo altera el estado físico, también el mental (y no, eso no significa que estés “loca” o “hipersensible”, sino que el desbalance tiene efectos reales sobre el sistema nervioso). Pero hay toda una maraña de ingredientes biológicos que aún no se comprenden del todo, desde la interacción entre distintas hormonas, hasta cómo afectan al cerebro y otros órganos.

Por eso, no hay recetas universales ni tests claros ni soluciones mágicas. Personalizar el tratamiento es un reto enorme; hay quien necesita algo más que un parche hormonal estándar, y quien no debería tocar nada. Pero en un universo de algoritmos y contenido viral superficial, esta complejidad se pierde y se simplifica hasta dañar más que ayudar.

¿Pero esto sirve para algo más que vender productos y miedo?

El hecho de que la perimenopausia esté en la conversación pública es positivo, sin duda. Sacar del closet temas tabú siempre es necesario, sobre todo cuando se trata de salud femenina, que durante décadas estuvo invisibilizada (o peor: mal tratada).

Pero la línea que separa información valiosa de negocio disfrazado de salud pública es delgada y se ha vuelto borrosa. Si las decisiones médicas empiezan a basarse en lo que se viraliza antes que en la evidencia, estamos en un callejón sin salida. No ayuda a nadie que mujeres con síntomas reales se sientan obligadas a gastar miles en pruebas hormonales inútiles o a exigir tratamientos no indicados, solo por miedo o presión social.

Mientras tanto, esos mismos ecosistemas propagan la idea de que “si no tienes síntomas, deberías tenerlos”, o “si no estás en HRT, no estás en la onda”. Incluso pueden crear un fenómeno de ansiedad y sobrediagnóstico que no beneficia ni a pacientes ni a profesionales.

En definitiva, sí, la perimenopausia existe. Es un proceso humano, biológico, complejo y a menudo jodido. Pero no es una excusa para perder el hilo del verdadero diagnóstico, ni una caja negra en la que meter todos los males viniendo de la mediana edad. Hay mucho ruido, marketing y marketing apuntalado en el miedo, y poca claridad.

¿Y tú, qué opinas? ¿Crees que la perimenopausia solo sirve para que vendan HRT y suplementos o realmente ayuda a entender lo que le sucede al cuerpo en esos años complicados?

Por Helguera

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