El viernes 2 de octubre, los futuros del S&P 500 subían un 0,5% y los del Nasdaq-100 avanzaban un 0,7%, mientras el petróleo retrocedía y Wall Street esperaba el informe de empleo de septiembre. Países de la Unión Europea debatían una propuesta francesa para liberar más reservas de diésel. La posible medida dio cierto alivio a los mercados, en una semana marcada por el fuerte aumento de los tipos de interés, pero no cambió el panorama general.
La inversión en inteligencia artificial sigue sosteniendo las expectativas de crecimiento de empresas como Nvidia. Al mismo tiempo, los costes de financiación y energía pesan sobre los planes para construir centros de datos a gran escala.
Un rebote modesto, con el petróleo en el centro
Los futuros del Dow Jones subían 299 puntos, un 0,6%, antes de la apertura, prolongando las ganancias del jueves. Aun así, los tres grandes índices estadounidenses seguían encaminados a cerrar la semana con pérdidas.
El crudo Brent para entrega en diciembre rondaba los 99,78 dólares por barril, con una caída del 2,5%. El West Texas Intermediate (WTI) de noviembre bajaba casi un 3,8%, hasta los 89,40 dólares. Ambos contratos ampliaron sus descensos durante la mañana, mientras los inversores seguían de cerca la posible oferta adicional de diésel en Europa y la presión de la administración Trump para que sus aliados liberaran suministros.
La energía también incide en los costes de las tecnológicas: los centros de datos consumen grandes cantidades de electricidad y necesitan infraestructura para operar y refrigerarse. Una caída del petróleo no implica automáticamente electricidad más barata, pero puede aliviar el temor a que los costes energéticos aviven la inflación. El precio de la electricidad, la disponibilidad de redes y el coste de los equipos siguen pesando en los planes de expansión.
El índice tecnológico recibió el mayor impulso en los futuros, aunque ese dato no basta para concluir que los inversores hayan vuelto a comprar acciones tecnológicas con convicción. La sesión empezaba con algo menos de presión petrolera y atención puesta en el empleo y los rendimientos de los bonos.
El informe laboral puede cambiar el cálculo de la Fed
Los economistas encuestados por Dow Jones esperaban que Estados Unidos hubiera creado 84.000 empleos en septiembre y que el desempleo se mantuviera en el 4,1%. El informe podía modificar las expectativas sobre los tipos de interés y, con ellas, el atractivo relativo de las acciones frente a los bonos.
Antes de conocerse el dato, los futuros sobre los fondos federales asignaban una probabilidad del 72% a que la Reserva Federal mantuviera los tipos sin cambios en octubre. Según la información de la fuente, el banco central había subido los tipos en septiembre por primera vez en tres años para contener una inflación superior a su objetivo. En ese contexto, un informe laboral sólido no bastaría necesariamente para justificar otra subida inmediata.
Christopher Hodge, economista jefe para Estados Unidos de Natixis CIB Americas, calculaba que se crearían 60.000 puestos de trabajo. Con esa cifra, el promedio de creación de empleo de los últimos tres meses quedaría en 81.000. Hodge también anticipaba que la construcción y la industria manufacturera podrían beneficiarse de los proyectos asociados al desarrollo de centros de datos.
La expansión de la IA requiere algo más que chips, modelos y servicios en la nube: también implica obras, instalaciones industriales y contratación. Los centros de datos necesitan edificios, sistemas eléctricos y componentes especializados, una inversión que puede reflejarse en sectores menos asociados a la inteligencia artificial.
Hodge consideraba que un informe fuerte, por sí solo, probablemente no llevaría a una subida de tipos en octubre, dadas las señales de estabilidad del mercado laboral. Los inversores también aguardaban las actas de la reunión de septiembre de la Fed, previstas para el miércoles, en busca de pistas sobre el debate interno del banco central.
Los bonos siguen siendo el dolor de cabeza
El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años llegó el jueves al 5,344%, su nivel más alto desde 2002, antes de retroceder hasta cerca del 5,21%. El rendimiento a treinta años también tocó un máximo de 24 años y luego cedió terreno. Los rendimientos apenas variaban al comienzo de la sesión del viernes, pero el salto de la víspera seguía pesando sobre el mercado.
Cuando los bonos ofrecen rentabilidades más altas, las acciones compiten con una alternativa que parece menos arriesgada y, además, sube el coste de financiar inversiones. Para las tecnológicas que planean ampliar centros de datos o destinar grandes sumas a infraestructura de IA, esto puede encarecer proyectos que tardan años en generar ingresos.
Chuck Carlson, director ejecutivo de Horizon Investment Services, describió los tipos de interés como el mayor lastre para el mercado. A su juicio, a las acciones les costará sostener un avance mientras no haya alivio en los rendimientos.
El Dow seguía perdiendo un 1,7% en la semana. El balance anual era más favorable: el S&P 500 acumulaba una subida cercana al 12% en 2026 y estaba a menos de un 2% de su récord de agosto; el Nasdaq Composite había ganado más del 15%.
Para las empresas tecnológicas, el reto es financiar la capacidad necesaria para atender la demanda de IA. Si los tipos se mantienen elevados, las compañías con balances sólidos podrán seguir invirtiendo, aunque el coste del capital hará más difícil justificar proyectos con retornos lejanos o inciertos.
Nvidia conserva el favor de Wall Street; el sector, no tanto
Morgan Stanley señaló a Nvidia como su principal acción de semiconductores el viernes 2 de octubre. El analista Joseph Moore mantuvo una recomendación de sobreponderar y un precio objetivo de 300 dólares. Su argumento apuntaba a una demanda que ya no procedería únicamente de los grandes proveedores de servicios en la nube y de los principales desarrolladores de IA.
Si más tipos de clientes compran capacidad de computación para inteligencia artificial, el mercado potencial de Nvidia podría ser más amplio que el grupo de gigantes tecnológicos que impulsó la primera ola de gasto. Sin embargo, la previsión de un analista no representa al mercado entero ni hace que la acción sea inmune a los tipos, la competencia o cambios en las expectativas.
Las entradas de dinero ofrecían una imagen menos entusiasta para el conjunto del sector. Los fondos de renta variable de Estados Unidos recibieron 20.600 millones de dólares en la semana terminada el 30 de septiembre, su segunda semana consecutiva de entradas, después de captar 37.490 millones en la anterior. Los fondos de grandes empresas recibieron 19.330 millones; los multicapitalización, 1.010 millones, y los de pequeña capitalización, 223 millones.
Los fondos sectoriales registraron retiradas por 4.100 millones de dólares, de los cuales 3.790 millones salieron de fondos tecnológicos. Los inversores seguían colocando dinero en acciones estadounidenses, pero reducían su exposición a fondos centrados en tecnología. Los datos no equivalen a un rechazo definitivo de la IA o de Nvidia, aunque muestran que el entusiasmo no se reparte de manera uniforme.
Los fondos de bonos atrajeron 6.450 millones de dólares, su mayor entrada semanal en tres semanas. Los fondos del mercado monetario, en cambio, sufrieron salidas de 41.360 millones. Los movimientos reflejaban apetito por la renta variable, interés renovado por los bonos y diferencias entre sectores.
La IA necesita fábricas, obras y electricidad
La construcción de centros de datos puede sostener la demanda de aceleradores, servidores y servicios en la nube, además de beneficiar a la manufactura y la construcción. Pero cada expansión requiere grandes inversiones y depende de que los clientes estén dispuestos a pagar por esa capacidad. Si la financiación se encarece y persiste la inquietud por el precio de la energía, las empresas podrían revisar el ritmo o la rentabilidad de algunos proyectos.
La caída del crudo del viernes ofrecía un alivio parcial, no una solución. El Brent seguía cerca de los 100 dólares por barril y la oferta adicional discutida en Europa aún no se había concretado. El mercado reaccionaba a la posibilidad de liberar reservas mientras evaluaba sus efectos sobre la inflación. Para que el cambio se sostenga, el suministro debe llegar y el resto de los costes acompañar.
Una contratación firme vinculada a las obras y la industria puede reflejar inversión en infraestructura tecnológica, pero un mercado laboral más resistente también podría reducir el margen de la Fed para bajar los tipos. Lo que favorece la construcción de centros de datos no necesariamente beneficia, al mismo tiempo, a las valoraciones que dependen de financiación barata.
La próxima semana pondrá a prueba las expectativas
La atención inmediata estaba puesta en el informe de empleo, pero la agenda empresarial empezaba a asomarse. PepsiCo y Delta Air Lines tenían previsto presentar resultados la semana siguiente, antes de que los grandes bancos publicaran los suyos durante la semana posterior. Sus cuentas pueden dar pistas sobre el consumo, los costes y la salud de la economía, factores que también influyen en las decisiones de inversión de las empresas digitales.
Los datos de LSEG IBES apuntaban a un crecimiento de beneficios superior al 30% interanual para las compañías del S&P 500 en el tercer trimestre. Si los resultados confirman ese ritmo, la subida anual del índice tendrá respaldo en los beneficios; si no, los inversores podrían volver a centrarse en las valoraciones y el rendimiento de los bonos.
El interés de Morgan Stanley por Nvidia y las salidas de los fondos tecnológicos no son necesariamente contradictorios: un gestor puede preferir una empresa concreta y reducir al mismo tiempo su exposición general al sector. Los flujos muestran que parte del dinero busca diversificarse, incluso mientras continúa la expectativa de una demanda creciente de IA.
El viernes empezaba con futuros al alza, petróleo a la baja y rendimientos del Tesoro por debajo de sus máximos del jueves. El mercado seguía pendiente de cuánto empleo había creado Estados Unidos y de si la Fed podía mantener los tipos sin cambios. Para las tecnológicas, la cuestión es cuánto de la inversión actual en IA generará beneficios suficientes para compensar el coste de los centros de datos y una financiación más exigente.
