¿Pero estos IPOs de tecnología climática son la heroína o solo otro espejismo?
Fervo Energy, Solv Energy y X-energy, tres empresas que hacen ruido en el mundillo de la energía limpia, se han lanzado al ruedo bursátil en 2024 con IPOs que rozan casi los $30 mil millones en valor combinado. Fervo, esa startup del 2017 que se puso a jugar con la geotermia a lo fracking, consiguió una valoración de unos $12.4 mil millones. X-energy sacó músculo con sus reactores nucleares modulares, alcanzó $11.5 mil millones, y Solv Energy, el experto en solar y baterías, con su salida en febrero, sumó otra considerable tajada con $6 mil millones. El timing no es casualidad: esto es la respuesta directa a una demanda eléctrica que sube a todo trapo gracias a la botnet de data centers que devoran megavatios sin piedad (culpa de la fiebre por la IA).
Que estas compañías sean más que hype bursátil está por verse. Nadie niega que el mercado esté hambriento de soluciones “verdes” pero ¿alguien rastrea las curvas de costo, las palancas regulatorias y la viabilidad técnica detrás de estos nombres glamorosos? Porque detrás de la pompa, estas empresas tienen que batallar con límites físicos, incertidumbres regulatorias y competir en un mercado energético que sigue dominado por el gas barato y el carbón que ni sabe que es “dirty”.
Fervo Energy: ¿fracking geotérmico o un loco sueño viable?
Con $1.5 mil millones en capital recaudado antes del IPO, Fervo no es cualquier novato: su apuesta es abrir el juego de la geotermia usando técnicas similares al fracking para generar condiciones propicias donde antes era imposible. El proyecto Cape Station en Utah, con capacidad estimada de 500 MW, está empujando fuerte para empezar a generar energía en octubre de 2024 con el primer módulo, y dos unidades más que suman capacidad para enero de 2027. Ojo, que esos 500 megas equivalen a una décima parte de la capacidad que una central nuclear clásica mete a la red, pero la gracia está en la escalabilidad y el footprint ambiental.
Ahora, el costo del kilovatio a producir ronda los $7, que no es ninguna ganga, pero sí más barato que arrancar una planta nuclear nuevecita. Eso sí: sigue siendo más del doble del precio que una planta de gas natural. Si tienes la paciencia para leer esa cifra, te darás cuenta que aquí hay una incógnita crítica: ¿podrá Fervo bajar costos lo suficiente para que la geotermia “fracking style” se imponga contra otras fuentes de energía? ¿Y aguantarán sus contratos de compra de energía firmados, que hoy suman más de 600 megavatios, cuando entren en juego variables regulatorias o la volatilidad del precio del gas?
Además, tienen tierra alquilada para generar hasta 40 GW… mientras que, para poner en contexto (ja), toda la flota geotérmica estadounidense apenas llega a los 4 GW. Casi diez veces menos. Esa escala de ambición puede ser una bendición o una bomba de tiempo. Los planes suenan sexys, pero que las técnicas de fracking (con su estigma ambiental) se usen para impulsar geotermia no es un detalle menor: el público y los reguladores pueden poner trabas. El lado oscuro del fracking está aún muy vivo en el imaginario colectivo.
X-energy y sus nucleares modulares: ¿el futuro o puro humo?
X-energy apostó por la energía nuclear, pero no la clásica y vieja, sino los reactores modulares pequeños (SMR). Esos que prometen ser “más seguros y flexibles” porque son compactos, usan helio para refrigerar y desarrollan unos 80 MW cada uno; es decir, mucho menos que los monstruos de más de 1,300 MW que ya hay, pero con la idea de meterlos en más sitios y sin tanta burocracia.
Eso sí, no nos vallamos con la finta: están a años luz de demostrar su tecnología comercialmente. Su proyecto estrella en Texas, en sociedad con Dow Chemical, sigue pendiente del último “OK” de la Comisión Regulatoria Nuclear y solo tiene aún aprobación ambiental básica. Y que su IPO haya sido pospuesto el año pasado por “condiciones difíciles del mercado” suena más a freno de emergencia que a un simple contratiempo.
Otro dato suculento: Amazon no solo es cliente, sino que posee cerca del 20% de la compañía. ¿Qué clase de apuesta están haciendo los gigantes tecnológicos? Claramente, ven en la nuclear modular un as bajo la manga para que sus infames data centers sigan funcionando sin cargar con las críticas y riesgos de la electricidad basada en combustibles fósiles.
Pero este banquete de la nuclear viene con su plato de incertidumbres. Los SMRs suenan genial sobre el papel — menos desechos, menos espacio, menos riesgos —, pero la realidad es que llevarlos al grid a escala y a precios competitivos es un desafío económico y tecnológico brutal, que lleva años (y millones) por delante. Cualquier retraso, error o accidente medioambiental podría significar un valemadrismo total de los inversores, y entonces ahí se pudre la fiesta.
Solv Energy y la electricidad solar, con baterías: el combo que no falla… ¿o sí?
Mientras Fervo y X-energy llevan sus apuestas más glamorosas, Solv Energy se la juega en la cancha que parece invencible: energía solar con almacenamiento en baterías. Ya tienen rodando 21 GW a lo largo de 35 estados. Que no es poca cosa para un país donde la generación solar está cada vez más barata y popular.
Lo interesante no es sólo el volumen, sino el momento: el auge de la IA y el boom de data centers están elevando la demanda eléctrica mensual como no se veía en la última década. De hecho, Solv menciona a los centros de datos una y otra vez en sus papeles pre-IPO (más de una docena de veces). Ese negocio brutal de alimentar máquinas que hacen cálculos con millones de parámetros cada segundo — y que no entienden que el planeta se calienta — está siendo un driver poderoso para crecer.
Pero cuidado: la solar depende hasta cierto punto del clima, de los incentivos gubernamentales, y no todos los proyectos de baterías son rentables o estables a largo plazo. Además, la competencia está feroz: miles de empresas apretando a ver quién mete más MW en la red sin quemar demasiados dólares. Solv tiene la ventaja de la experiencia y contratos firmados con productores independientes, pero nada garantiza un dominio absoluto. Ni que los riesgos regulatorios o las disputas sobre nuevas tarifas no les den un buen sacudón.
¿Qué significan estos movimientos para la red eléctrica y la escena energética americana?
Estos IPOs señalan un cambio de guardia lento, pero sustancial. Por un lado, la demanda eléctrica ya no es el niño dócil que crecía paradito y estable; la IA y la computación a escala están empujando al límite a las infraestructuras y exigiendo soluciones alternativas (y urgentes). Por otro, la política juega a dos bandas: renovables como la eólica se llevan hachazos federales — gracias a la nostalgia de Trump y su banda por el gas y el carbón — mientras que la geotermia y la nuclear reciben palmaditas y mantos de seguridad (créditos fiscales, apoyo regulatorio).
Esta dualidad crea un caldo donde compañías como Fervo y X-energy tienen un dulce tibio del favor político pero también unas enormes expectativas de no fallar. Porque si una de estas dos tropieza, el confidence de los inversores en proyectos de energía limpia de segunda y tercera generación podría desinflarse rápido. Esto es como la lotería de Silicon Valley, pero con plantas de energía en vez de apps.
Mientras tanto, los inversores y grandes clientes tech, con Google y Amazon a la cabeza, apuestan fuerte, creando una burbuja de capital privado que ya empezó a asomar dedos en la bolsa. Esa concentración puede acabar bien (SI esa tecnología escala y rinde) o mal (SI alguno se arruina y se lleva arrastrados a todos). ¿Quién tiene el estómago para aguantar esta montaña rusa de inversión en energía en plena era de crisis climática e incertidumbre global?
¿Se viene una avalancha de salidas a bolsa o solo es la portada de un momento puntual?
Que estas tres empresas hayan abierto camino no significa que el desfile vaya a ser largo. Más bien es un “momentum” que podría durar una ventana corta antes de que la realidad de los costos, implementaciones y regulaciones devuelvan a todos a la tierra. Pero, ojo que otras empresas nucleares y geotérmicas ya están mirando a la bolsa como el oasis donde llevarse los capitalazos necesarios para escalar.
El riesgo de ser demasiado pronto o demasiado tarde es gigante. Nadie quiere ser la próxima burbuja de las tecnológicas, ahora aplicada al sector energético, con millones en acciones que valen menos que el papel higiénico cuando todo falla. Así que el 2024 y 2025 serán años críticos para comprobar si las promesas gigantes de estas compañías se traducen en megavatios a granel y no solo en hype financiero.
Y si creías que la transición energética era un paseo por el parque, este rodeo demuestra lo lejos que estamos de un sistema eléctrico “verde y feliz”. Al menos, por ahora, que nadie baje la guardia ni piense que esto va a ser barato, rápido o sencillo.
¿Tú qué piensas? ¿Inversión inteligente o una lotería cara con poco cartel?
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