Code with Claude: el evento que cambia las reglas del juego (literalmente)

El 19 de mayo, mientras Google fardaba en su I/O en Palo Alto, en Londres Anthropic montaba otro tipo de circo: Code with Claude, su reunión bien cargada de software developers dispuestos a dejar que una IA hiciera lo suyo en serio. Jeremy Hadfield, ingeniero de Anthropic, soltó la gran verdad desde el escenario principal: casi la mitad del público había lanzado en la última semana un *pull request* completamente escrito por Claude, la IA de Anthropic. Lo loco: en la mayoría de esos casos, ni siquiera leyeron el código antes de subirlo. **¿Estamos ante el fin de la codificación manual?**

Para cualquier desarrollador veterano, esa idea suena a herejía. El *pull request* es la esencia misma del trabajo de un programador: un paquete de código para revisión, normalmente escrito a mano con sangre, sudor y horas de pantalla. Que una IA no solo genere esa base sino también se encargue de revisarla y corregirse a sí misma mientras los humanos miran desde la barrera… pues sí, es un cambio brutal. Y no es sólo Anthropic: héroes como OpenAI (Codex), Microsoft o Google parecen en una carrera loca por demostrar quién puede dejar a los humanos escribiendo menos líneas de código.

Es verdad, Claude no empezó siendo la promesa total. El año pasado, con la versión 4, podía escribir código, pero con dudas. Ahora, con las actualizaciones 4.6 y 4.7 (lastimosamente lanzadas en febrero y abril, así que aún muy recientes para estar perfectas), está más cerca que nunca de ser la navaja suiza del programador. **¿El futuro? Que la IA no solo cocine el plato, sino que también lo pruebe, corrija y repita hasta que esté rico, sin que el humano se coma ningún error.**

“Let it cook”: cuando la IA se hace cargo de su propio debugging

En una charla que demostró que Anthropic tiene marcada la automatización máxima, Boris Cherny, cabeza de Claude Code, dejó claro que el uso ideal de esta IA no es darle órdenes detalladas, sino que **Claude se auto-proponga las tareas y supervise su propio trabajo**. “No vamos a estar en la trinchera pidiéndole ‘haz esto’. Será Claude el que analice si el código funciona, pruebe, detecte bugs y lo ajuste hasta que todo marche”. Ravi Trivedi — otro ingeniero de la casa — lo resumió con un simple mantra: “Get out of Claude’s way. Let it cook.” Parece una irresponsabilidad, ¿no?

Pero ojo, no se trata de abandono. Es un salto de confianza y eficiencia brutal: el sistema llamado *dreaming* que acaba de salir permite que estos “agentes Claude” escriban notas para sí mismos, aprendan de errores pasados y optimicen sobre la marcha. Imagine una mente colectiva autoprogramando y mejorando sin intervención humana constante. **Un programador o grupo humano no tendría que revisarlo todo, sino solo supervisar resultados y performance final**, volviendo su trabajo más estratégico.

Es curioso que mientras esta tecnología parece brillar en conferencias y vitrinas, fuera en foros como Reddit o Hacker News la realidad artesana se contrasta con quejas de que estas IAs complican más la vida al tener que revisar un aluvión de código generado masivamente. Algunos desarrolladores se preguntan si no estamos ante un espejismo: ¿realmente ahorramos tiempo si a la vez debemos revisar toneladas de líneas artificiales? Y lo que nadie quiere admitir en voz alta: **¿se está perdiendo la habilidad pura de programar entre quienes se apoyan demasiado en estas IAs?**

Los problemas que nadie quiere en su base de código: seguridad y calidad

Aquí está el ajo: el código producido por IA no es infalible, ni de coña. De hecho, los riesgos de seguridad se están convirtiendo en una pesadilla latente. Las advertencias de expertos no se hacen esperar: el software generado por modelos como Claude puede incrustar vulnerabilidades sin que un ojo humano sagaz las detecte a tiempo. Un fallo puede abrir la puerta a ataques devastadores.

Katelyn Lesse, líder en ingeniería de Claude, enfrenta directo esta crítica. Su respuesta es que las prácticas clásicas de desarrollo no desaparecen, solo que algunos equipos pierden el foco ahora que la IA es la que suelta el código. ¿Pero eso es suficiente? Cuando la automatización llega a este nivel, ¿quién garantiza que esas buenas prácticas se respetan, especialmente cuando los managers ansían la productividad sin pensar en la calidad a largo plazo?

Otro punto espinoso es la fatiga del propio equipo técnico. Algunos responsables de Anthropic admiten que sostener, revisar y gestionar el volumen de código producido por Claude es un reto brutal. La presión de manejar tantas líneas creadas a velocidades imposibles de igualar para un humano puede derivar en expedientes con poco control, errores embotellados y deuda técnica gigante. **Es irónico: la IA a la que le delegamos trabajo para ganar tiempo se convierte en una carga pesada por supervisar.**

Y encima, con Claude clasificándose ahora «probablemente a nivel de un ingeniero medio» en cuanto a calidad, la responsabilidad de mantener el proyecto corre hacia los expertos reales, quienes, agobiados, deben peliar con problemas que esta inteligencia todavía no sabe resolver.

El lado B: ¿qué dicen las startups y grandes empresas “vibeando” con Claude?

En Code with Claude no faltaron los ejemplos para poner nombres y casos reales en el tablero. Spotify, Delivery Hero y startups como Lovable, Base44 o Monday.com no se andan con rodeos: ya han pivotado sus equipos de desarrollo para confiar buena parte de su código a Claude. Lo llaman “vibe-coding”, esa sensación de armonía hombre-máquina donde la IA se ha vuelto ese colaborador hipereficiente que no protesta ni pide café.

¿Los que ya lo usan? Están encantados. No solo por la velocidad, sino por el cambio cultural: ya no es un drama atarse a escribir funciones desde cero ni pelear con cada línea. Claude puede crear “templates” y estructuras que se adaptan solas, acelerar la iteración y dejar que los humanos se enfoquen en la arquitectura y las decisiones críticas. Eso sí, el control básico no se pierde (todavía).

Pero la pregunta grande es si esta simbiosis dura. Porque la dependencia crece, y con ella la vulnerabilidad a fallos sistémicos. Y no hablamos solo de bugs o errores técnicos, sino también de una posible pérdida de talento, creatividad y control sobre el producto final. **¿Estamos en el camino de construir software que nadie realmente entiende, salvo las máquinas que lo diseñaron?**

¿La IA matará la creatividad del programador, o solo la rutina?

El debate que se mueve en los mentideros tech va más allá del rendimiento: ¿la automatización al máximo de Anthropic terminará con la esencia del desarrollador? Muchos opinan que sí; otros — menos cínicos o quizá más optimistas — ven que liberar al humano de las tareas rutinarias puede dar espacio para pensar en mejores soluciones, en *ingeniería pura*, en creatividad pura.

El hecho innegable es que _“dejar que Claude cocine”_ cambia el rol del programador de crear código a supervisar, diseñar sistemas e interpretar resultados. No se trata de desaparecer, sino de reinventarse. Si el cambio fuera gestionado con cabeza, podríamos estar ante un renacimiento, con ingenieros concentrados en problemas complejos que la IA no puede resolver (aún).

Pero esto exige que los desarrolladores mantengan sus habilidades frescas, no deleguen ciegamente, y que las organizaciones no caigan en la tentación fácil de reducir sus equipos para exprimir «máximo rendimiento» corto plazo. El riesgo es que sin un equilibrio claro, la calidad y seguridad del software se lleven por delante la innovación y el talento.

Claude en 2024: ¿un midlevel con potencial de genio o un trabuco a medias?

¿Para qué estamos realmente con Claude ahora mismo? Según Lesse, está al nivel de un ingeniero medio en cuanto a rendimiento. Nada mal, pero tampoco para hacerse eco como el “nuevo gurú de la ingeniería”. Si piensas que Claude va a ocuparse de toda la pila tecnológica mañana, mejor que esperes sentado. Todavía hay mucho trabajo para los humanos, sobre todo en diseño, resolución de problemas complejos y revisión exhaustiva.

Claro que su evolución no para. Con cada actualización, Claude aprende más y gana independencia. El ambicioso objetivo, como Jiang explica, es que esta IA pueda “construirse a sí misma”, es decir, pasar de instrumento a creador autónomo. Eso sí es un bombazo. Pero no sin riesgos asociados. Este horizonte, aunque fascinante, debería hacernos reflexionar sobre cuánto control estamos dispuestos a ceder y a qué precio queremos la “automatización total”.

Y mientras tanto, Ian o Katelyn repiten: **“Las buenas prácticas no desaparecen con Claude, solo tenemos que asegurarnos de no olvidarlas.”** Fácil decirlo, complicado hacerlo cuando la presión por producir se come alrededor de la seguridad y la calidad.

¿Pero esto funciona de verdad? Y si funciona, ¿a qué costo?

Para un desarrollador hardcore, esto de manos libres a la IA suena como un doble filo. Por un lado, imagina la productividad disparada, iteraciones rápidas, menos noches peleando con bugs ridículos o malditos puntos y coma. Por otro lado, puede convertirse en una jungla de dependencias, deuda técnica, y males invisibles que explotan cuando menos los esperas.

El hype en eventos como Code with Claude está, que ni te cuento. Pero la cruda realidad en foros y conversaciones sobre “cómo limpiar el desastre del código generado por IA” pinta un cuadro bastante distinto.

¿Estamos abriendo la caja de Pandora en software? Probablemente.

Lo cierto: hay que dejar a Claude cocinar, pero no olvidarse de echarle un ojo al horno. No sea que cuando queramos recuperar el plato, solo queden cenizas.

¿Convierte esto a los desarrolladores en simples supervisores comodones? ¿Nos acerca a un futuro donde la creatividad humana es papel mojado? ¿O simplemente desburocratiza lo rutinario para que el ingenio brille más? La respuesta está en cómo lo uses.

Y tú, ¿dejarías que Claude escriba tu próximo proyecto sin mirar ni una línea?

Por Helguera

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