¿Unas gafas militares que controlas con la mirada? Anduril y Meta van en serio

Esto no es ciencia ficción ni un sueño loco de Silicon Valley. Anduril, esa startup de defensa que suena a película de espías y ciberguerrilla, acaba de compartir que está trabajando junto a Meta (sí, los reyes del metaverso y del desastre con gafas de consumo) en un prototipo de gafas de realidad aumentada para soldados. El proyecto, con un contrato de prototipo de nada menos que 159 millones de dólares para el Ejército de Estados Unidos (sí, bastante pasta), busca hacer que pedir un ataque con drones no sea cosa de escribir largos informes ni de radios chisporroteantes, sino algo tan simple como levantar una ceja o decir “ordena ataque”. ¿Estamos hablando de un futuro donde los soldados sean cyborgs 100% conectados? Pues esa es la idea de Quay Barnett, el tipo a cargo y antiguo del Army’s Special Operations Command, que quiere que “el humano sea un sistema de armas” perfectamente optimizado (sin rodeos ni drama).

Para dejarlo claro: hay dos proyectos distintos. Por un lado, está el Soldier Born Mission Command (SBMC), esta propuesta oficial para gafas montadas en cascos existentes, con todo el respaldo hierático del Ejército. Pero la jugada maestra de Anduril es otro bebé llamado EagleEye, un casco propio con todo integradito —algo que no pidieron, pero que están empeñados en venderles. Y si creías que esto se hacía rápido, estás muy equivocado: el Ejército no espera verlo listo antes de 2028. Por si fuera poco, la competencia se pone fea, con jugadores como Rivet e incluso la israelí Elbit con contratos de cientos de millones también en juego.

El interfaz del futuro: mirar y hablar para mandar a matar

Ahí viene lo delirante. La visión que tiene Anduril no es simplemente meter datos en una pantalla y ya: la idea es incrustar mapas, drones volando cerca en realidad aumentada, detección automática de objetivos (un camión sospechoso o una agrupación enemiga), todo esto con ayuda de modelos de lenguaje gigantes a lo Google Gemini, Meta Llama o incluso Anthropic Claude (sí, han probado un poco de todo – aunque Anthropic rima con «problema» para el Pentágono).

¿Te imaginas? Un soldado podría decir “ordena evacuación para el herido” y el sistema traduciría ese encargo directo en comandos para drones o para mandos. No solo eso: a medida que la tecnología avance, la voz puede ni siquiera ser necesaria. Barnett sueña con controlar estas acciones a través de movimientos oculares y toques sutiles. Es como chatear con un asistente 4.0, pero en medio del combate y sin despegar la vista del entorno.

Todo gira sobre el software Lattice de Anduril, que, ojo, sirve como columna vertebral para conectar un arsenal variado de sensores y dispositivos en el campo. ¿Sabes ese embrollo de diferentes tecnologías que no se entienden entre sí? Pues Lattice lo junta en un solo cuadro inteligente para que el soldado no tenga que hacer malabares con mil pantallas. El Ejército anunció que gastará unos 20.000 millones integrando Lattice a tope. Y no, todavía no hay versiones masivas del casco para todos (pero llegan las piezas, no sin problemas de normativa y supply chain — se acabó depender de empresas chinas).

¿Dónde termina la ayuda y empieza la sobrecarga mental?

Vale, parece un gadget increíble y digno de la próxima película de ciencia ficción, pero aquí hay gato encerrado. Los soldados ya están hasta el cuello de info, comunicaciones y métodos que parecerían de magia negra. Jonathan Wong, veterano marine y experto en RAND, lo dice claro: si esto te roba más atención de la que te libera, estás jodido.

Piénsalo. Wong recuerda cuando era comandante y tenía un radio con tres canales activos. Cuando dos hablaban a la vez, él simplemente desconectaba mentalmente y ni sabía qué pasaba a su alrededor. Eso es el límite humano al absorber ruido. ¿Qué pasará cuando te pongan gafas que te inundarán con mapas, avisos, pestañas y mensajes?

Anduril apuesta a que sí, su interfaz “limpia” solo muestra lo estrictamente necesario. Los comandos por voz y el eye-tracking son parte clave para reducir ese ruido y acelerar acciones. Pero montar este sistema que se adapte en tiempo real a un campo de batalla caótico es un marrón tecnológico y humano. Solo un campo de pruebas enorme y brutal podrá decirnos si esto funciona o termina siendo otra bola más de estrés para un soldado ya cargado con 45 kilos de equipo (y más batería, cámaras y procesadores que suman peso).

Inteligencia artificial en combate: ¿te fías or te cortan la cabeza?

Si te parece que los drones y cohetes ya son suficiente riesgo tecnológico, prepárate para la próxima frontera. Esta alianza entre Anduril y Meta quiere meter AI para reconocer objetivos y recomendar ataques. Eso es un paso enorme hacia depender de máquinas (imperfectas, ojo) para decisiones de vida o muerte en el campo.

Sí, la visión artificial y los chatbots llevan años en laboratorios militares y conflictos, incluso en Irán, pero salir del cuartel a la trinchera es otro rollo. ¿Qué pasa si la IA dice “ese camión es enemigo” y se equivoca? Las consecuencias pueden ser desastrosas.

Precisamente Microsoft sufrió un varapalo después de perder un contrato de 22.000 millones porque sus gafas no dieron la talla y la auditoría del Pentágono señaló que ni siquiera se estaban probando bien. Esto pone la vara altísima para Anduril y otros jugadores: la tecnología no solo debe funcionar, sino hacerlo con una precisión y fiabilidad que roza lo obligatorio.

La eterna pelea con hardware y entorno hostil

Olvídate de los detalles cool que muestra Meta en sus presentaciones donde todo es limpio y sin polvo. Esto tiene que funcionar en ambientes extremos, con polvo, humo, explosiones y temperaturas que no te dejan pensar en qué desayunaste.

Entre los retos gigantes está llevar toda la potencia informática necesaria para correr modelos de AI y visión por computadora sin depender de 5G (que en la guerra es un lujo escaso). Eso significa que el casco debe pensar por sí solo, rápido, sin tirones ni lag. Añade eso a la batería, peso que se suma a esos ya 100 libras que un soldado carga y el asunto se complica.

Anduril dice estar innovando en visión nocturna digital con técnicas nuevas (mezclando aprendizaje automático con AI generativa, lo que suena a tirar por la ventana lo tradicional). Meta provee componentes clave como displays y waveguides para enviar la imagen directo a la retina sin tapar la visión del soldado. Es un prodigio tecnológico, pero con nombre de novela de espías.

¿La sociedad tecnológica detrás de la polémica vuelve a unirse? Meta y Anduril: ¿amigos o enemigos?

Para los que hagan memoria, este tandem es inesperado. Palmer Luckey, fundador de Anduril, fue expulsado de Facebook (hoy Meta) en 2017 por sus posturas políticas — nada de amistad entonces. Pero parece que los negocios no entienden de odios viejos. Ambos se unieron para desarrollar estos gadgets bélicos.

Lo curioso es que este acercamiento se dio en pleno cambio de actitud de Zuckerberg hacia la administración Trump, lo cual añade otro capítulo a esta extraña fusión. Meta fabrica hardware esencial para estas gafas, mientras Anduril pone la visión de defensa futurista y la integración de software.

Hay algo irresistible en ver cómo firmas que parecían irreconciliables ahora cocinan juntas la próxima generación de tecnología militar. Quizá la ironía más grande es que quien echó a Luckey ahora debe confiar en su tecnología para estar al frente en la carrera armamentista.

¿Va a funcionar o será otro fiasco millonario para el Pentágono?

¿2028? ¿2029? Da igual, porque esta apuesta es de años, pruebas y muchas medio cagadas antes de poder decir “lista para el combate”. Lo que está claro es que las gafas inteligentes pueden cambiar todo, para bien o para mal, pero solo si los soldados en el terreno las aceptan y les facilitan realmente la chamba.

No es un “gadget más”. Es la apuesta del Ejército para manejar información, coordinar drones, y tomar decisiones rápidas sin perder la cabeza ni el foco. El margen para el error es físico y mental. Anduril parece tener claro que sin una interfaz limpia y una integración sin fisuras, será papel mojado.

¿La inteligencia artificial asistirá o confundirá? ¿Los soldados querrán depender de estas máquinas que ni siquiera entienden al 100%? La historia con Microsoft y sus gafas canceladas es un recordatorio brutal.

Vamos a necesitar paciencia y muchos ensayos antes de ver el futuro cyborg en combate de verdad. Pero si algo está claro: esta batalla tecnológica no la gana quien tiene las mejores armas… sino quien logre que el soldado arriba las entienda y use sin perder la cabeza. ¿Lo conseguirá Anduril? ¿O será otra historia de hype y dinero desperdiciado?

Ahí lo dejo. ¿Tú qué piensas? ¿Te gustaría tener estos ojos cibernéticos en medio de una batalla? ¿O te parece demasiado “Black Mirror” para ser real?

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Por Helguera

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