Stewart Brand regresa, ahora con la pesadilla de mantener el mundo (literalmente)
En plena primavera del 2026, Stewart Brand, ese ilustre pionero tech y uno de los grandes nombres tras el Whole Earth Catalog, lanza su nuevo libro: Maintenance: Of Everything, Part One. La obra promete “una visión completa sobre la importancia civilizacional del mantenimiento”. Y sí, parece que Brand se ha cansado del hype por la innovación loca y decidió mirar el lado oscuro-y-necesario: el mantenimiento y la reparación. En serio, ¿quién ha dedicado un libro gigante solo al “dar la vuelta y apretar un tornillo” de la tecnología? Pues él, a sus 87 años, con toda la experiencia acumulada entre LSD, Grateful Dead, y las redes que forjaron Silicon Valley.
Pero ojo, el libro no es un manual cool para “arregla tu bici y salva el planeta” ni una oda al “hazlo tú mismo” para hipsters. Brand enfoca esto más como un acto —y cito— “radical”. ¿Radical? Ni él mismo queda claro en eso. Eso sí, el mensaje que lanza es que la mantequilla de todo sistema —tecnológico o no— no es la innovación frenética, sino la sostenibilidad, el cuidado, el apuntalamiento, el aguante. “Mantenedores” son ellos, héroes anónimos que no reciben la fama ni los titulares pero sin los que el mundo se vendría abajo a la velocidad de un servidor sin updates.
Un frenético paseo por la historia y las contradicciones del mantenimiento tecnológico
El libro no es formalidad pura, más bien un revoltijo que va desde anécdotas hiperrománticas (como la de tres capitanes en la Golden Globe de 1968 con filosofías para mantener sus barcos en una odisea marina brutal), hasta una mega sección (más de 150 páginas) dedicada a vehículos y armas. Aquí Brand desgrana obsesivamente cómo la manutención ha moldeado tecnologías tan diversas desde el Ford Modelo T hasta rifles de asalto y manuales técnicos clásicos (pero ojo, aplica una mirada muy superficial y reciclada a la historiografía técnica que conoces si andas más metido en estos temas).
Lo que en realidad subraya Brand es que la clave del éxito tecnológico no está solo en inventar la última maravilla sino en que sea barata y fácil de mantener. No hablamos solo de simplicidad sino de mantenimiento accesible, capaz de ser manejado por el usuario final, algo que en la era digital y los gadgets desechables parece un concepto extinto. Muestra con ejemplos famosos coches como el Volkswagen Beetle o el Lada Clásico, que triunfaron porque invitaban al usuario a meter mano con relativa facilidad. Pero ojo, no se regodea mucho en la gente que odia tener que andar parchando cosas que se rompen a cada rato. No hay encuesta, ni estudio social ni nada que cuantifique el impacto emocional o económico de esas batallas domésticas.
¿Un canto ingenuo al mantenimiento en tiempos de obsolescencia programada y monopolios digitales?
Aquí viene lo que derriba la pompa: Brand trata el mantenimiento como algo bueno de manera acrítica. El campo de los estudios sobre mantenimiento, en cambio, ya ha empezado a explorar las contradicciones brutales: mantener ciertos sistemas sucios y contaminantes puede ser un acto regresivo (¿cuántas reformas ambientales se frenan porque seguimos empujando viejas máquinas contaminantes?). Y ni hablemos de la carga que el mantenimiento impone a los más vulnerables (mujeres, minorías, pobres). Implícitamente, mantener un sistema roto puede ser la excusa perfecta para postergar transformaciones radicales que la sociedad necesita con urgencia —como hacer la tecnología inclusiva o afrontar la emergencia ambiental.
Lo curioso: aunque Brand sabe de todos estos debates (ha estado en el ajo académico y cultural durante décadas), los ignora en este volumen. El libro no toca con una gota de crítica la política detrás del mantenimiento, ni los intereses oscuros de empresas que nos limitan el derecho a reparar (¿has tratado de arreglar un Tesla o una lavadora moderna sin morir en el intento?). Y eso que la polémica con Elon Musk —un personaje con tantos méritos como defectos— podría haber abierto la caja de pandora.
Elon Musk en el altar del mantenimiento heroico, ¿en serio?
Brand aplaude a Musk y a sus coches eléctricos porque tienen menos partes móviles (“sorpresivamente fáciles de mantener”) y porque su diseño es “ingenioso y de bajo costo”. Lástima que este juicio venga sin matices; Musk es tan nombrado como ignorado en cuanto a demandas por derecho a reparación o críticas éticas recientes relacionadas con sus proyectos y actitudes polémicas (sí, hablamos de acusaciones serias sobre antisemitismo, sexismo y autoritarismo que no figuran por ningún lado).
¿El CEO disruptivo? Sí, claro… pero también ejemplo perfecto del famoso “move fast and break things” de Silicon Valley, que pulveriza el ideal de mantenimiento como acto estable y duradero y lo cambia por agitar, romper y reemplazar. Brand, como diciendo “tápense los oídos”, omite esa crítica clave. Para quienes conocemos un poco el ecosistema tech, eso no solo suena a tontería sino a irresponsabilidad narrativa.
Romanticismo individual, redes de poder y el mantenimiento como un acto personal (no colectivo)
Brand nunca se caracterizó por su fe ciega en la política colectiva. Y este libro es otro ejemplo más. Mientras los movimientos sociales avanzan hacia la colaboración y la redistribución, él mantiene una visión caciquil y casi solitaria del mantenimiento: es un asunto de responsabilidad personal, de tarea de héroes que se enfrentan al desgaste o la corrosión para seguir rodando. La edición tiene un tufillo melancólico y autobiográfico, colgado como un último vistazo a la vida y sus prejuicios.
Hablamos de un señor que hizo su carrera creando redes para levantar pasiones libertarias, individualistas y desafiantes (sí, el Whole Earth Catalog y la cultura hackearon el sistema, pero siempre desde la periferia y el individualismo). En esos términos, mantener es la actividad del individuo que se las arregla, no la lucha colectiva que cuestiona o revoluciona las estructuras que vuelven insostenible todo.
¿Por qué importa entender realmente qué es mantener hoy?
Movidos por hype tecnológico y startups unicornio, olvidamos que mantener es la ingeniería invisible que evita accidentes, desastres y fallos catastróficos. Pero también es la trampa donde caemos: mantenimiento sin fin puede ser excusa para dejar pasar la innovación real, para tolerar lo insalubre o contaminante.
Los movimientos de derecho a reparación, las reformas que piden infraestructura digna y el activismo contra los residuos electrónicos han dejado claro que el mantenimiento contemporáneo está en el centro del debate sobre quién controla la tecnología y con qué fines.
Brand, con su nuevo libro, nos da una mezcla de apología, nostalgia y ganas a medias de cambiar esa narrativa. Pero si quieres un texto que sacuda más las preguntas incómodas, entender que mantener también involucra política, inequidad, y el reto climático, necesitas buscar a otros autores.
El mantenimiento: ¿un acto radical o solo la nostalgia de un hippie reinventado?
En definitiva, Maintenance: Of Everything, Part One funciona como una colección caótica de relatos y pensamientos de un hombre que ha sobrevivido a eras enteras de revolución tecnológica y cultural. Pero se siente también como una pieza que aún está buscando el tono y la profundidad para realmente sacar jugo al tema.
¿Cambiará futuras entregas? Posible. Pero no esperes que Stewart Brand, fiel a su estilo de “cleave to power”, se vaya a poner a cuestionar los sistemas que él mismo ayudó a construir desde dentro. Esta no es la historia del mantenimiento que va a salvarnos, sino la memoria de un movimiento que empieza a mirar con cariño lo que otros consideran aburrido o inútil.
¿Tú qué opinas? ¿Tiene sentido seguir idolatrando la innovación brillante sin honrar el tedioso arte de mantener las cosas en pie? O mejor aún, ¿no estaremos a punto de descubrir que la mayor innovación de todas es aprender a hacerlo bien sin perder la brújula ética y social, no solo apretar tornillos?
