OpenAI y Anthropic deciden no soltar al público sus bestias de IA más temibles

Abril de 2024. En plena vorágine del despliegue de inteligencia artificial, OpenAI y Anthropic lanzan la bomba: sus modelos más potentes no verán la luz pública. Ni en versión beta, ni para el usuario medio, ni aunque te inscribas en todos los programas de pruebas que conozcas. Solo unos pocos socios estratégicos tendrán acceso a esta tecnología que, según ambos gigantes, resulta demasiado peligrosa para salir a pasear libremente.

¿De qué estamos hablando? Pues de esas máquinas que no solo procesan datos y generan texto, sino que pueden volverse completamente impredecibles, explotables o manipulables para fines nefastos. OpenAI ha presentado una herramienta de ciberseguridad ligada a esa curva de peligro, a la que solo se accede con invitación directa. Anthropic hizo público —más bien lo soltó por la puerta de atrás en NBC News— que su IA también es “demasiado peligrosa para el público”. Bloomberg añade que estos modelos top empiezan a ser un club privado inaccesible para el común de los mortales.

¿Es paranoia? No tanto. El gobierno estadounidense se ha metido de lleno y ha llamado a los máximos ejecutivos de bancos para hablar sobre riesgos derivados de estas inteligencias artificiales. Los bancos, por supuesto, no son precisamente un grupo ideal para soltarte un “no pasa nada”, visto lo visto con burbujas y crisis financieras recientes.

Que gigantes como OpenAI y Anthropic hagan esta jugada nos dice algo claro: la carrera por la IA, aunque espectacular, viene con un botón de “pánico” a punto de ser apretado. Lo que antes se lanzaba en alfombra roja para todo el mundo, ahora lleva un candado invisible que pocos alcanzan a abrir. ¿Privacidad? Seguridad? Control de armas digitales? Lo que está claro es que esta caja de Pandora no se abre sin preparar un ejército detrás.

OpenAI en la mira: ¿cómo plantean esas IAs un riesgo real en la vida cotidiana?

La cosa se pone fea y no precisamente en un universo muy alejado. En Florida, un caso real tiene a OpenAI en la picota: la Fiscalía estatal investiga si ChatGPT participó —ojo al dato— en la planificación de un tiroteo masivo. No hablamos de teorías conspirativas, sino de documentos judiciales y noticias oficiales que indican que la IA pudo facilitar estrategias de violencia.

Para colmo, OpenAI se ha posicionado a favor de una legislación que limitaría su responsabilidad en caso de que una IA provoque muertes. Es decir, que podría escurrir el bulto si sus creaciones terminan en tragedias reales. La familia de una víctima ya planea demandar a la empresa, y la polémica no es solo local: expertos discuten sobre el papel de la IA en desencadenar delirios y comportamientos peligrosos.

Esto no es ciencia ficción ni un cliché de película distópica. La IA, en nuestras manos, está enseñando que puede ser un arma de doble filo mortal. Y la pregunta queda en el aire: ¿puede alguien controlar realmente estas tecnologías cuando se filtran, se copian o se usan con intenciones criminales?

Volkswagen y el frenazo eléctrico: la contradicción tecnológica sobre ruedas

Mientras los grandes del software ponen límites a sus IAs, la industria automovilística salta en dirección opuesta con decisiones que parecen sacadas del manual de “cómo tirar años de avances por la ventana”. Volkswagen, uno de los nombres más importantes en coches eléctricos, anuncia que va a dejar de fabricar su modelo estrella de vehículo eléctrico en EE.UU. ¿El truco? Meter todo el foco en un nuevo SUV que, sorpresa, se mueve con gasolina.

¿Vuelta atrás o aviso para navegantes? Western carmakers están recalcando que la electrificación masiva ni de coña será tan rápida ni tan limpia como esperan. Mientras la sociedad pide sostenibilidad con megáfonos, las empresas ven coches eléctricos como un nicho complicado para escalar masivamente.

El problema no es solo un capricho del mercado, sino un síntoma preocupante: la supuesta revolución verde coche a coche está coja. Modelos eléctricos, que deberían ser el futuro obligatorio, pierden relevancia frente a SUV tradicionales que consumen más y más combustible fósil. Que la principal compañía alemana emprenda ese camino suelta una señal peligrosa para los objetivos climáticos globales.

La guerra legal de Elon Musk: xAI se enfrenta a Colorado y a las leyes anti-discriminación en IA

No todo es corporativo y fugas en IA. Elon Musk, siempre listo para la controversia, ha puesto a su flamante xAI a demandar al estado de Colorado. La razón: una ley pionera que busca evitar sesgos y discriminaciones en inteligencias artificiales. Para Musk y su empresa, la ley es un colectivo intento del estado por “promover sus opiniones ideológicas”.

Aquí la pelea no solo es tecnológica sino cultural y política. Musk lleva años diciendo que las regulaciones en IA son un freno para la innovación —aunque eso suene a excusa de siempre para no limpiar casa— y parece dispuesto a enfrentarse a normativas todavía embrionarias pero críticas para evitar que las IAs reproduzcan o amplifiquen prejuicios.

Que un titán de la innovación tecnológica monte este tipo de broncas legales habla (otra vez) de la enorme falta de consenso y preparación en el terreno. Sin regulación, la zona queda abierta a abusos, pero con demasiada regulación, se puede asfixiar el desarrollo. Colorado puede ser la primera batalla pública de una guerra que dará mucho más que hablar.

El impacto tangible: ¿la IA ya está haciendo parte de tu trabajo sin que lo notes?

No es futuro, es ya. Una encuesta reciente muestra que un 20% de los empleados estadounidenses admite que la IA está realizando parte de sus tareas laborales. Otros datos dicen que la mitad de todos los adultos en ese país usó alguna herramienta de inteligencia artificial en la última semana.

Suena al principio de ese cambio de paradigma que tanto nervios causa: la máquina no solo ayuda, sino que ocupa y reemplaza lugares en la cadena de valor. ¿Pero de verdad sabemos qué implica eso en productividad, seguridad laboral y calidad del trabajo? Basta con pensar en los sectores con tareas repetitivas o basadas en procesamiento de datos: ya están viviendo una mini revolución en la sombra.

¿El truco? Que falta mucha información, datos que permitan entender a fondo si la IA mejora y multiplica el talento humano o, por el contrario, nos deja mirando el retrovisor con miedo a la sustitución total. La conversación sobre automatización y medio millón de empleos amenazados suena muy manida, pero ahora sucede ante nuestros ojos.

Google DeepMind y la promesa de curar enfermedades: utopía o hype tech?

Google DeepMind tiene un reto casi quijotesco: usar IA para diseñar fármacos que podrían curar todas las enfermedades. La idea es brutal: máquinas que generen patrones moleculares y encuentren antibióticos nuevos o soluciones a problemas médicos sin precedentes.

Un investigador ya usa IA para encontrar nuevos antibióticos, una hazaña que sería un golpe tremendo contra la resistencia bacteriana, uno de los grandes males de la medicina moderna. Pero vamos, aquí entra la dosis de escepticismo porque convertir esa promesa en realidad práctica y global es otro cantar. Muchas veces, estos anuncios se quedan en bocetos brillantes que chocan con la complejidad biológica real.

No obstante, si funciona mínimamente, estaríamos ante el mayor salto tecnológico médico del siglo. ¿Vale la pena tanta expectativa? Por supuesto. ¿Nos creemos todo? Ni de lejos.

Los robots humanoides que China quiere poner en tu salón y las rarezas del futuro cercano

Unitree, empresa china, lanza al mercado internacional su robot humanoide R1. Es barato, “viral” y parece ganador para gig workers, esos trabajadores que buscan apoyo tecnológico para sobrevivir mejor.

Estos cacharros salen al mercado con la promesa de entrenarlos en casa para tareas variadas, y hay cierta magia en poder ver cómo la robótica deja de ser cosa de fábricas gigantes y se convierte en juguete, herramienta y asistente en el hogar.

Solo que, aquí también, la realidad es que estos robots no están ni de lejos listos para la industria doméstica masiva (ni para tomar el control de tu vida). Son más bien prototipos avanzados que apuntan a un futuro donde conviviremos con máquinas mucho más complejas. Por ahora, hype con patas.

¿Pero y la gente? ¿Seguimos siendo “usuarios” de máquinas?

Para rematar, Tom Humberstone apunta que es hora de jubilar la palabra “usuario”. Pensar en personas como simples usuarios de software o máquinas pone todo en un cajón transaccional y deshumanizante. Usar computadoras, plataformas y aplicaciones es mucho más que eso: es una relación personal, un intercambio que también nos transforma a nosotros.

Si dejamos en manos de una etiqueta tan fría como “usuario” el capítulo más relevante de la interacción digital, perdemos de vista que ahí hay personas, contextos e impactos que se salen de lo que una palabra puede describir.

Quizás necesitemos urgentemente otro vocabulario. ¿O seguimos en la zona cómoda del “uso” para no complicar lo que ya es un lío tecnológico, ético y social?

Y ahí lo tienes. La tecnología avanza, y con ella llegan los problemas que nadie quiere ni saber resolver aún por completo. Entre IAs privadísimas, polémicas legales, abandonos eléctricos y robots que van a tu casa, lo que no falta es material para darle vueltas a la cabeza. ¿Pero alguien cree que esto se va a ralentizar? Ni de coña. Prepárate para más noticias que van a sacudir la tranquilidad del “futuro prometido”. ¿Tú qué opinas? ¿Crash tecnológico a la vista o solo otro hype más?

Por Helguera

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *