¿Un fabricante de baterías metiéndose en IA? Pues sí, y de cabeza
SES AI, la empresa que se hizo famosa por su batería sólida de polímero de litio-metal (¿alguien recuerda Solid Energy?), ha decidido que fabricar baterías en masa, especialmente para coches eléctricos (EV), no es ya el camino si quieres sobrevivir. Según su fundador, Hu, montar un negocio sostenible en Occidente haciendo literalmente baterías voluminosas «está fuera de la mesa». Así que, en vez de pelear en el ring quemado de la competencia feroz con los grandes del sector, han cambiado el foco al software: un motor de descubrimiento de materiales basado en IA que, o bien licencian a otros fabricantes, o usan para crear nuevas materias que venden.
¿Quién diría que su pasito inicial fue una batería que aguantara temperaturas extremas para sensores en exploración petrolífera, del MIT al mundo? Esa maravilla técnica de un electrodo de litio-metal y polímero sólido los catapultó a proyectar baterías para SUV y pickups estadounidenses—esos enormes mastodontes que necesitan baterías más eficientes para no acabar con su autonomía aplastados por el peso. Hasta 2021, estaban en la cresta de la ola con socios como GM, Hyundai y Honda interesadísimos. Pero la fiesta no duró mucho. La reculada política, el fin de los créditos fiscales para EV y una desaceleración marcada en EE.UU. torcieron el destino. Hu y compañía aceptan que no pueden depender solo de un mercado que se está enfriando y ahora exploran cada oportunidad, empapados en IA para encontrar nuevos caminos.
De la química a los bits: ¿qué es Molecular Universe?
Solid Energy evolucionó y nació SES AI, cuyo gran dios ahora se llama Molecular Universe. Esa plataforma no es cualquier herramienta digital; es un laboratorio virtual respaldado por años de conocimiento profundo en desarrollo y pruebas de baterías. El truco: no fabricar más físicamente, sino explorar químicas inéditas a una velocidad y escala impensables tradicionalmente. La ventaja está en la base de datos que acumulan, el expertise del equipo y un engine de IA que escudriña combinaciones moleculares imposibles para el humano solo.
Ya han identificado seis nuevos electrolitos que podrían marcar la diferencia, uno de ellos sustituyendo (sin gases tóxicos ni degradación) al fluoroetileno carbonato (FEC), un componente usado para proteger ánodos de silicio. Este tipo de ánodos suele inflarse y deteriorarse, fastidiando la eficiencia. Los químicos convencionales son un mal necesario, pero sus gases degradan la batería. SES AI cree que eso es historia. ¿Y de verdad va a resultar? Esa es la duda del sector.
¿Es la IA la varita mágica para cambiar el juego en baterías?
Ojo, la idea pinta bien (¿quién no quiere descubrir el material perfecto sin pasar años en labotarios sudando?) pero no todos en la industria comparten el hype. Kara Rodby, del fondo Volta Energy Technologies, no se muerde la lengua: el desarrollo de nuevos materiales, por mucho que sea esperado, no parece el factor decisivo que impulse la evolución de la industria a corto plazo. Estamos en un momento donde la inversión pública y privada se retrae, haciendo más difícil la transformación radical.
Este «descubrimiento de materiales con IA» suena a tener un Ferrari en el garaje, pero sin gasolina definitiva que echarle en los tanques. La tecnología puede acelerar cosas, sí, pero el esqueleto del cambio real va a depender de otros factores, tales como la fabricación en masa, los costes de producción y la demanda real en mercados fluctuantes como el estadounidense donde la política no ayuda mucho.
El barril sin fondo de las baterías a gran escala y la política americana
La historia reciente del mercado de EV en EE.UU. es una tragedia económica perfecta para fabricantes como SES AI. Hasta 2025, los créditos fiscales explotaron la demanda, pero su eliminación no es un simple detalle técnico, es un mazazo brutal que reduzca el apetito por coches eléctricos complejos y caros. Eso hizo que algunas grandes compañías dedicadas a baterías eléctricas hayan cerrado o pivotado radicalmente. Si un gobierno decide bajarse del carro, las ballenas de inversión tienden a seguir el mismo camino, dejando un mercado menos fértil para todos. Esa “desescalada” convierte proyectos disruptivos en apuestas demasiado inseguras para la mayoría de inversores. Entonces, no solo se trata de inventar la batería perfecta, sino de que exista una base sólida política y económica para que alguien quiera comprarla y usarla masivamente.
Manufacturas tradicionales que dependen de procesos químicos complejos y materiales estrechamente controlados se enfrentan a su propia crisis. SES AI renuncia a pasar horas construyendo celdas en una línea de montaje para concentrarse en ser un faro de innovación digital. Su estrategia: menos riesgo, más flexibilidad, escalar rápido. Si la idea suena a que han salido por la puerta de atrás, no es así; es un movimiento táctico que permite hacer más con menos.
¿La fabricación de baterías hechas a mano ya es cosa del pasado?
Para materializar sus descubrimientos, sí, hace falta producción física, pero delegar esa parte a terceros, o vender licencias para los nuevos materiales, les vuelve más resilientes y menos dependientes del ciclo brutal de fabricación y rendimiento. Es un movimiento que abre la puerta a una especie de «outsourcing de innovación» en el hardware de la energía, algo que puede cambiar la forma en que pensamos en inversión y propiedad tecnológica.
El asunto no es solo técnico o económico. SES AI y su apuesta silenciosa por los materiales impactan en la estructura global del poder energético. Estados Unidos, China, y otros países pelean no solo por fabricar coches o baterías, sino por monopolizar materiales críticos, procesos y, ahora, por poseer el software que puede cambiar lo que esos materiales serán mañana.
Cuando la geopolítica se cuela en la química de las baterías
El que domine la innovación disruptiva en batería de litio sólida y la producción rentable de materiales avanzados, controla una parte esencial de la estrategia energética del futuro. La carrera para hacerse con la hegemonía en electrolitos o electrodos no es un juego menor. Lo que hace Hu con su move hacia la IA en materiales puede estar poniendo una pieza clave en esa partida global. O puede que se quede en una jugada de ajedrez sin avance. Sólo el tiempo decidirá.
Si al lector le suena a que esta historia es de “boom y bust” -sueños de baterías que se “van a la luna” y regresan a la cruda realidad-, no anda mal encaminado. La química, la política, la inversión y la tecnología están en constante lucha, y ningún elemento por sí solo puede virar el rumbo con un golpe de varita mágica. Por ahora, SES AI apuesta fuerte por la IA como motor de cambio—más barato, más rápido, menos dependiente del azar del laboratorio físico.
¿Y qué? ¿Deberíamos estar emocionados o de bajón?
Pero no todos creen que la simple llegada de nuevos materiales (por increíble que parezca descubrirlos con IA) vaya a desbloquear el progreso que la industria necesita hoy. Así que, mientras algunos ponen en esa plataforma su esperanza para crear baterías más duraderas, ligeras y fáciles de fabricar, otros siguen escépticos y piden foco en la manufactura y el mercado.
¿Y tú, crees que esa plataforma IA va a hacer que las baterías vuelvan a ser sexy? ¿O estamos ante otro hype tecnológico más que explota con rapidez? Porque energía, la necesitamos y rápido. Pero que se traduzca en coches, drones, y gadgets que no se queden en el laboratorio… eso es otro cantar.
¿Y tú, crees que esa plataforma IA va a hacer que las baterías vuelvan a ser sexy? ¿O estamos ante otro hype tecnológico más que explota con rapidez? Porque energía, la necesitamos y rápido. Pero que se traduzca en coches, drones, y gadgets que no se queden en el laboratorio… eso es otro cantar.
