Un útero fuera del cuerpo: una hazaña que nadie vio venir

Javier González y su equipo en la Fundación Carlos Simon, Valencia, España, han logrado algo que hasta hace poco parecía exclusivo de la ciencia ficción: mantener vivo un útero humano fuera del cuerpo durante 24 horas. Fue en mayo de 2025 cuando recibieron ese órgano donado tras una histerectomía, lo conectaron a “Mother” – el apodo cariñoso que le pusieron a su máquina llamada PUPER (Preservation of the Uterus in Perfusion) – y lo mantuvieron latiendo con sangre humana oxigenada y procesada. Un tubo, una sangre arterial artificial, un sistema que simula pulmones y riñones, y un ambiente con humedad exacta para que el útero no se reseque. Todo montado en una caja metálica sobre ruedas, al estilo de esas estaciones de cocina de restaurante, pero con un propósito mucho más freaky y revolucionario.

Un día. 24 horas. Parece poco, pero en el contexto de órganos humanos que fuera del cuerpo suelen morir en cuestión de horas o menos, es como pasar de chupar piedra a robarle el pulso a la muerte. Antes, sus pruebas con úteros de ovejas aguantaron lo mismo: un día. La diferencia ahora es la escala, la esperanza, y la complejidad de simular un cuerpo humano para mantener biológicamente vivo un órgano sensible como el útero.

¿Pero para qué carajos sirve un útero así? El misterio antes del milagro

Hablamos de un órgano cuyas condiciones reales esconden muchos secretos, desde cómo florece un endometrio para la implantación del embrión, hasta por qué fallan muchos tratamientos de fertilidad, especialmente la implantación en tratamientos de fertilización in vitro (FIV). Carlos Simon, fundador de la fundación y cabeza del proyecto, apunta que el problema gordo en la fertilidad asistida es el fracaso casi sistemático del embrión para clavarse en el útero. En palabras simples: entendemos el proceso de fecundación mejor que el de implantación.

El equipo quiere estudiar este proceso con un modelo real: un útero real vivo, pero fuera del cuerpo humano. Esto puede revolucionar la ginecología y la obstetricia, abrir puertas para comprender males como la endometriosis, los fibromas, y otros trastornos uterinos que hoy se entienden a medias. Mantener el útero vivo por un ciclo menstrual completo – que dura unas cuatro semanas – sería la montaña que quieren escalar, para ver cómo responde el órgano, cómo se regenera su mucosa, y cómo interactúa con el entorno sanguíneo.

Así que la idea no es solo un capricho tecnológico o una vuelta de tuerca rara, sino una herramienta científica brutal para investigar la maternidad desde dentro, literalmente desde la fábrica que la hace posible.

Una máquina llamada “Mother”: ¿cómo diablos funciona este Frankenstein moderno?

No, no es magia. La PUPER es un invento basado en el principio de perfusión normotérmica: es decir, pasar sangre artificial oxigenada y filtrada a temperatura corporal para mantener un órgano vivo. Claro, los hospitales ya usan esto (más o menos) para hígados, riñones y corazones en espera de trasplantes, lo que alarga la ventana para salvar vidas y permite preparar mejor todo.

Pero escalar esta tecnología a algo tan delicado como el útero es otro nivel. La máquina tiene un sistema de bombas que hacen las veces del corazón, oxigenadores para remplazar a los pulmones – aquí se retira el dióxido de carbono y se añade oxígeno – y sensores constantes para controlar glucosa, oxígeno, temperatura y otras variables básicas del metabolismo. Una especie de cuerpo artificial metálico que hace todo lo que el nuestro, pero solo para el útero.

Además, hay un filtro que imita al riñón para quitar residuos tóxicos, tubos de plástico flexible que simulan arterias y venas conectados al órgano, y un humidificador para mantenerlo húmedo y sin que se reseque. El útero, por cierto, no está acostado como en un quirófano cualquiera, sino que descansa en una inclinación similar a la que tendría dentro del cuerpo.

Ovejas, sangre y manos templadas: la odisea técnica detrás del milagro inicial

Como todo lo verdaderamente complicado, las primeras pruebas fueron con uteros de ovejas, sacados en Zaragoza de seis animales distintos. La maquinaria tuvo que llegar hasta allá, al menos 200 km desde Valencia, y los equipos veterinarios tuvieron que pasar por quirófanos delicados para conectar el sistema. Aquel prototipo aguantó también 24 horas, alimentando y oxigenando el órgano con la propia sangre de cada animal.

Pero hay un enemigo silencioso: la coagulación sanguínea. Cualquier bloqueo pequeño en esos tubos es una sentencia de muerte para todo el montaje. Por eso, la conexión de los vasos sanguíneos con los tubos artificiales debe ser quirúrgicamente precisa y rápida. Y aquí vienen las prisas: el útero debe entrar en esta máquina en máximo dos horas después de extraerlo. Es una carrera contra el tiempo, la muerte celular y la posible degradación tórpida del tejido.

El resultado fue “prometedor” en palabras de Xavier Santamaria, vicepresidente médico de la fundación, y reconocido por expertos internacionales como Gerald Brandacher, que trabaja con trasplantes en Austria. ¿Por qué? Porque la ventana para mantener órganos fuera del cuerpo, especialmente uno tan complejo, sigue siendo cortísima con las tecnologías actuales.

¿Un útero en laboratorio? Eso suena a ciencia ficción, pero va en serio

El futuro que imagina la Fundación Carlos Simon va más allá de mantener órganos sin donante o receptor: quieren gestar bebés enteros en un útero fuera del cuerpo humano.

Sí, como en las películas de ciencia ficción.

Esta afirmación no es para vender humo. La tecnología pretende llegar a mantener el órgano funcional durante, simplificando, 9 meses (un embarazo humano), para observar desde la implantación hasta el nacimiento, pero todo en cámara, bajo control y sin los riesgos asociados al cuerpo humano enfermo o discapacitado. Un laboratorio gestante.

Por razones éticas, no usarán embriones humanos reales. En su lugar, experimentarán con estructuras embrionarias hechas en laboratorio a partir de células madre, cerca del embrión, pero sin gametos reales, esquivando la línea roja que detesta la bioética.

Donde muchos ven algo inquietante, Simon y su gente ven un nuevo camino para quienes no pueden embarazarse por patologías uterinas: “Si logra que funcione de forma artificial, la gente que no tiene útero puede tener hijos sin esperar donantes o engorrosos trasplantes”. Un verdadero game-changer para la reproducción asistida.

¿Estamos preparados para esto? Ni de lejos. Pero, ¿qué retorno tendría un paso así para la humanidad?

¿Tecnología o monstruo? Implicaciones éticas y sociales que no puedes ignorar

No se trata solo de ciencia dura aquí. Mantener órganos vivos fuera del cuerpo o intentar gestar un ser humano en un entorno de laboratorio cruza líneas que hacen suponer debates gigantescos.

Primero, la bioética. ¿Hasta dónde se puede manipular la vida? ¿Qué pasa si esto abre la puerta a implantaciones artificiales masivas, a bebés incubados en masa? Aunque el equipo dice que no están en la inmediatez de gestar completamente fetos, el potencial está y el futuro no perdona.

Segundo, el impacto social. ¿Creará esto una brecha mayor en el acceso a la reproducción? ¿Quién podrá usar estas tecnologías? Porque ya sabemos cómo van estas cosas: si a un adinerado se le permite tener un hijo sin útero, mientras que millones no pueden permitirse ni un tratamiento básico, ¿qué mundo estamos creando?

Luego está el debate sobre la identidad y el vínculo materno. ¿Qué significa ser madre cuando el útero está desconectado del cuerpo? Aunque suene a pregunta de novela barata, la neurociencia y la psicología reproductiva podrían tener mucho que decir.

Y ojo, tampoco olvidemos a los donantes de órganos. Esta tecnología podría ampliar muchísimo las posibilidades de preservar donaciones, usando órganos de fallecidos o de vida limitada, pero aún falta pulir muchos aspectos técnicos, especialmente para mantener vivo el útero más de un día.

¿Esto se va a la luna o es solo humo? La boda entre hype y realidad tecnológica

Últimamente tenemos la cabeza llena de promesas robóticas, máquinas que van a “cambiarlo todo”, y “avances” que luego se quedan en nada o en experimentos perpetuos. Aquí, la cosa es distinta: el trabajo ya ha pasado la fase magazine y ha pisado quirófanos, laboratorios y pruebas humanas (bueno, con órganos humanos fuera, pero humanos al fin).

El riesgo: que el sistema choque con el monstruo de la complejidad biológica. Mantener un útero con vida no es solo bombear sangre. Implica interacciones hormonales, señales moleculares, regulaciones imperceptibles que la máquina tiene que imitar o suplir. De momento, los mejores mantenimientos con perfusión no pasan de una semana en otros órganos. Pretender casi un mes (el ciclo menstrual) o un embarazo completo puede ser una maratón de obstáculos.

Pero nada parece imposible. Ya no estamos en los años ochenta. Esta tecnología podría ser la punta de lanza para organoides, terapias personalizadas, mejor fertilidad y, quién sabe, quizás la primera agonía superada para la gestación extracorpórea humana.

Lo cierto es que si ves la máquina “Mother” hoy, entenderás que estamos ante una semilla tecnológica importante. Es una caja fría, metálica, con tubitos y sensores, pero dentro, un latido que podría cambiarlo todo o quedar en un bonito experimento para publicar en revistas científicas sin demasiado alcance real. Todo está en manos de la ciencia, la ética y, claro, de la voluntad humana para dar un paso tan radical.

Así que, ¿embriones en incubadoras metálicas? ¿madres sin útero? ¿fecundar en laboratorio con soporte mecánico? La tecnología ya lo está intentando. ¿Nos gusta o nos da miedo? Solo el tiempo, y las decisiones que tomemos, lo dirán. ¿Tú qué crees?

Por Helguera

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