Vitalism: no es solo un rollo filosófico, es un lobby potente
Adam Gries y Nathan Cheng no son dos frikis haciendo experimentos locos en un sótano, sino los fundadores de Vitalism, un movimiento que ha dejado de ser una secta de fans del rejuvenecimiento para convertirse en un actor serio dentro de la industria biotech y política estadounidense. Desde su lanzamiento en Zuzalu en 2023 (sí, esa ciudad pop-up en Montenegro de la que pocos hablan), han puesto cara visible a un tema que, aunque lleva años rondando, últimamente se siente como el próximo gran golpe en tecnología médica. Lo loco: no se limitan a hablar de experimentos en laboratorios o suplementos milagro; están animando a influyentes para abrir puertas legislativas y dar acceso directo a medicamentos experimentales. Y no son poca cosa: el año pasado lograron sentar a políticos clave, incluyendo al mismísimo Mehmet Oz, director de los Centros para Medicare & Medicaid, para discutir cómo cambiar las reglas del juego.
Vitalism funciona como un híbrido entre think tank, movimiento activista y brazo lobby. ¿La meta? Que la sociedad deje de ver la extensión de la vida como un capricho o una ciencia ficción barata, para reconocerlo como un objetivo alcanzable y, por qué no, deseable. Pero ojo, no solo buscan jeringas mágicas. También empujan para que haya más fondos, mejores regulaciones y un acceso más democratizado a tratamientos que hoy por hoy se tratan como experimentos clandestinos. Es aquí donde entra la gran cuestión: ¿vale la pena ese hype del «vivir más y mejor»? Y sobre todo, ¿quién decide quién puede hacerlo?
La política que nadie contaba: ¿por qué esta administración es la más pro-longevidad?
Si te pedían adivinar qué gobierno en EEUU está apoyando la extensión de la vida humana como un tema serio, seguramente ibas por otro lado. Pues resulta que el cambio viene desde dentro de la Casa Blanca y el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), tabla de salvación para proyectos que, hasta hace poco, parecían de película de ciencia ficción.
Jim O’Neill, nombrado subsecretario de salud y servicios humanos en 2023, es uno de los pesos pesados que han elevado la longevidad en la agenda pública, y su influencia se siente bastante. La gran sorpresa es que esto no se limita a una sola persona sino a todo un ecosistema: Mehmet Oz, conocido por su fama televisiva, ahora lleva la batuta en Medicare con un ojo puesto en tratamientos relacionados con la extensión de la vida, mientras que ARPA-H — agenciamiento creado bajo Joe Biden con nombre y misión para impulsar investigaciones biomédicas “rompedoras” — está virando hacia la longevidad.
Alicia Jackson, directora actual de ARPA-H, cabeceó vitalidad en una entrevista reciente: bajo su liderazgo, parece que este organismo tiene un apoyo “increíble” desde lo más alto del HHS para enfocarse en esa pregunta crucial: ¿podemos alargar la vida humana? Y ojo, que no es puro wishful thinking: ARPA-H tiene pasta (millones de dólares) que se está invirtiendo en tecnología que funcione y que pueda impactar en la realidad, no humo ni pomposos discursos. Que alguien diga alto y claro que el gobierno estadounidense jamás había estado tan “pro-longevidad” no es baladí.
De Zuzalu a Washington DC: la ruta invisible de los nerds de la longevidad
Si solo has visto la extensión de la vida en TikTok o la Netflixlandia de los documentales, te falta mucho. Detrás de los flashes y los titulares hay toda una red subterránea de eventos, reuniones selectas y viajes exóticos que hacen pensar que estamos ante una especie de club secreto (con suerte, mejor que la masonería). Desde la primera vez que vi a Nathan Cheng hablar en Zuzalu en 2023 hasta las charlas en los compound de Berkeley o las escapadas a Suiza y Honduras para encuentros exclusivos, la experiencia resulta más extraña que estimulante.
Biohacking hasta el extremo, experimentos personales que van desde sistemas inmunológicos on-demand hasta temas con criopreservación que rozan la ciencia ficción: esos son los pasajes de las historias contadas al detalle por entusiastas longevos. Una de las anécdotas más surrealistas que aparecen en este universo habla de relaciones poliamorosas que podrían mantenerse gracias a procesos de criopreservación y reanimación futuros (una especie de matrimonio con preservativo criogénico, si quieres).
Pero no todo es “cuqui” y “tech fina”: algunos personajes no temen autodenominarse eugenistas, defendiendo la idea de seleccionar embriones IVF con potencial para vidas más largas. Brutal, ¿verdad? No hay filtro ni corrección política. Lo que queda claro es que la escena longeva ha salido del armario de wellness influencers y clínicas poco transparentes para codearse con políticos, científic@s top, nanotecnólogo@s y bioéticos (más tensos que nunca).
Clínicas, capital y documentales: la longevidad va en serio, ¿pero para quién?
La expansión de clínicas que prometen vivir más años ha explotado en los últimos años y, claro, con más oferta, más demandas y más confusión. ¿No te parece curioso que estemos saturados de documentales, podcasts y congresos de longevidad, pero aún nadie se atreve a garantizar ni un solo año extra efectivo? La diferencia clave parece residir en quién financia y apoya la investigación: multimillonarios con agendas claras, fondos federales que apuntan hacia la longevidad y plataformas que además se aprovechan del *buzz* para sacar tajada.
Pero cuidado con presentar esto como una panacea universal, porque seguimos en la fase de experimentos. Clínicas desreguladas, tratamientos caros solo para unos pocos, y población general a la espera de que alguna tecnología “se vaya a la luna” y regrese con la receta mágica. La biomedicina tras la longevidad no es un producto terminado, sino un mercado hipercompetitivo lleno de promesas que hay que analizar con lupa.
Que Jim O’Neill y Mehmet Oz estén en puestos clave es un síntoma de que la política está contribuyendo a abrir esas puertas que antes eran tabú, pero eso no garantiza ni equidad ni rapidez. Al final, la pregunta sigue siendo la misma: ¿para quién se alarga la vida? ¿Para los ricos e influyentes, o para todos? Todavía no hay respuesta, pero el terreno está preparado para una batalla dura.
¿Y la ética? Los dilemas que nadie quiere tocar
La longevidad tiene su lado oscuro y no, no me refiero solo a los experimentos extraños o al biohacking extremo. Lo crudo está en las cuestiones morales que surgen. Desde eugenesia abierta hasta futuros escenarios con decisiones sobre quién merece vivir más o menos, la extensión de la vida levanta un coro incómodo de preguntas.
Seleccionar embriones por su potencial de longevidad, manipular genéticamente vidas para evitar enfermedades y asegurar que solo ciertos grupos tengan acceso a estas tecnologías plantea un problema ético brutal. ¿Estamos creando una nueva casta biológica? ¿Es ético ir contra la naturaleza para con la vida humana? ¿O simplemente estamos usando la tecnología para ganar tiempo mientras resolvemos las grandes inequitatividades de nuestro mundo?
Mientras tanto, gente como Vitalism y la misma ARPA-H parecen centrarse más en la viabilidad científica y política. Tal vez por eso la conversación ética queda relegada, ignorada o sencillamente demasiado incómoda para tocar. Lo que no cambia es que la extensión de vida promete ser un campo minado donde la ciencia y la política bailan un tango que puede terminar bien o mal para mucha gente.
¿Pero esto funciona de verdad o estamos vendiendo humo con sabor a juventud?
¿Estamos creando la receta secreta para vivir hasta los 150 años? De momento, ni de coña. La realidad es que la ciencia de la longevidad avanza, sí, pero andando y a veces gateando. Desde tratamientos experimentales con senolíticos hasta terapias génicas complejas, hay avances reales, pero ninguno que pueda decir “esto es la panacea”.
Claro, cuando ves que ARPA-H destina millones de dólares, que políticos como O’Neill se mastican el tema en reuniones o que startups y clínicas emergen diariamente, podría parecer que el futuro es inminente. Pero la historia de la biomedicina está llena de promesas rotas y hype que luego se queda en nada. Las píldoras que “revierten el envejecimiento” todavía son más ficción que realidad.
Entonces, ¿qué queda? Un ecosistema apasionante y preparado para el golpe, con un liderazgo político asombrante, tecnologías en desarrollo y un movimiento activista que no tiene miedo de tirar la casa por la ventana. Pero hasta que alguien encuentre la fórmula mágica, solo podemos apostar, esperar y seguir atentos a la siguiente locura o avance que emerja.
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¿Quién está listo para compartir esos 150 años? Porque la verdad, *la tecnología lo tiene a punto, la política acelera y la ética… todavía preocupa*. ¿Y tú, te subirías al tren de la longevidad o prefieres vivir rápido y morir joven?
